VISIÓN

Chile, un país que genera desarrollo y bienestar de manera sostenible e integral, basado en una Sociedad del Conocimiento.


PROPÓSITO

Que la Ciencia, la Tecnología, el Conocimiento y la Innovación (CTCI) constituyan un pilar fundamental de la sociedad, para impulsar la creación de valor entendido en un sentido amplio, contribuyendo a la preservación de la biósfera, sus ecosistemas y su biodiversidad, y al desarrollo de una sociedad inclusiva y ética.


Esta Estrategia tiene como Visión la plena incorporación del país a la sociedad del conocimiento, de modo que su desarrollo sea sostenible e integral, que esté basado en el conocimiento y que beneficie a sus habitantes mediante la creación de valor. Este conocimiento debe además estar orientado a la preservación de la biósfera, sobre la que se sustenta la vida humana. Asimismo, debe estar comprometido con alcanzar una sociedad inclusiva, resultado de una permanente reflexión crítica de sí misma, sobre la base de consideraciones éticas fundamentales.


Su Propósito es fortalecer y expandir la CTCI, para que su aporte a la creación de valor, entendida en un sentido amplio, contribuya al bienestar de la sociedad en su conjunto. Asimismo, y como resultado de lo anterior, considera la necesidad de mejorar y profundizar las condiciones generales en las que se desenvuelve la CTCI y quienes en ella participan, pues el positivo impacto que ello tenga en el país y sus regiones, por el mayor valor así generado, permitirá captar nuevos recursos para continuar ese proceso, dando lugar a una retroalimentación virtuosa que nos conduzca al ideal planteado en la Visión.


Fotografía de Gerhard Hüdepohl. https://atacamaphoto.com.

Laguna Los Puquios, Salar de Llamará, Región de Tarapacá, Chile.



1.1. Sociedad del Conocimiento


La Sociedad del Conocimiento es un concepto que refleja la naturaleza ubicua de aquel y su influencia en todas las esferas de la vida humana: está incorporado en los bienes y servicios que las sociedades producen y que las personas intercambian; está instalado en las diversas modalidades que la población utiliza para movilizarse, comunicarse o asociarse; está implícito en las crecientes opciones existentes para el esparcimiento artístico, cultural y deportivo en las que sus ciudadanos pueden involucrarse; forma parte del vínculo con la historia y el patrimonio de las sociedades, y constituye la piedra angular de sus reflexiones filosóficas, deliberaciones éticas y expresiones creativas.


Tradicionalmente se ha buscado avanzar hacia este tipo de sociedad a través de las estrategias que integran Ciencia, Tecnología e Innovación como fuentes de conocimiento, además de Emprendimiento, como implementador productivo de lo anterior (CTIE). Esta Estrategia integra y considera, como un conocimiento crítico adicional, la investigación en Artes y Humanidades y Ciencias Sociales, cuyas orientaciones, metodologías y objetivos están más orientadas a proposiciones normativas, interpretativas, expresivas o creativas, ampliando el anterior alcance para que ahora abarque a Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI).


SOCIEDAD, CONOCIMIENTO CIENTÍFICO Y SABERES ANCESTRALES [1] El conocimiento, pilar fundacional de esta Estrategia, se ha ido construyendo a través de la historia por medio de cuidadosas observaciones del entorno, o está incorporado en las formas de organización social y formas de interacción que los pueblos utilizan. Ahora bien, la acelerada creación de valor observada en los últimos siglos, y particularmente en los últimos decenios, está asociada fundamentalmente al conocimiento basado en el método científico y sus aplicaciones. Sin embargo, ella también busca incluir conocimiento derivado de otros procesos culturales. En ese sentido, la necesidad de enriquecer el conocimiento científico desde otras fuentes, ha abierto espacio a la moderna aproximación transdisciplinaria y transcultural. Aun así, la validez epistemológica del método científico se funda en la meticulosidad de sus observaciones, la sistematicidad de sus experimentos corroboradores y la crítica institucionalizada a la que somete sus conclusiones. El conocimiento de los pueblos originarios y sus saberes ancestrales se caracteriza por su dimensión práctica de arraigo territorial, su carácter colectivo, de linaje u origen histórico, su tradición intergeneracional de naturaleza oral-lingüística y su matriz cultural. Aunque su generación posee diferencias metodológicas y epistemológicas, tiene potencial de validez para el resto de la población y puede ser aplicado para beneficio social. Si su uso quiere extenderse más allá de un grupo cultural específico, ese potencial deberá ser ratificado por el método científico, por ejemplo, en ciertos tratamientos de salud, o en las especiales propiedades de ciertos materiales. En ese caso, esas aplicaciones deberán ser reconocidas y adecuadamente compensadas a quienes sean sus titulares colectivos. Asimismo, otras formas culturales acumuladas por dichos pueblos a través del tiempo, sean estas distinciones lingüísticas, formulaciones filosóficas, cosmovisiones o formas de convivir y utilizar el territorio, constituyen un conocimiento enriquecedor para las sociedades contemporáneas. Corresponde que la sociedad como un todo las recoja mediante cuidadosos registros, con la ayuda de quienes las practican. Si resulta posible identificar de manera ordenada la agregación de riqueza que ellas generan, y luego de una discusión y reflexión crítica, esas enriquecedoras lecciones podrán incorporarse al acervo de toda la sociedad. Hay un espacio de aprendizaje respecto del conocimiento y los saberes ancestrales de los pueblos originarios, que la sociedad debe explorar como un valioso aporte para la mejor comprensión del mundo en que vivimos, y de las formas que tenemos para habitarlo. Su reconocimiento es una tarea de futuro que requiere abordarse desde el diálogo y la comprensión mutua.

Fotografía de Juan Ernesto Jaeger, Fundación Imagen de Chile.

Nevados de Sollipulli. Región de La Araucanía, Chile.


1.2. Creación de Valor


Un rasgo común de la historia humana ha sido la persistente creación e incremento de valor que sus miembros procuraron poner a disposición de sus comunidades, a través de la producción de bienes y servicios, pero también por medio de transformaciones más profundas en las formas de organizarse y comprender el mundo. La trayectoria de los seres humanos ha estado constantemente moldeada por creaciones, invenciones e innovaciones que resultaron útiles a las personas, y, en consecuencia, fueron juzgadas como valiosas para sus vidas y las del resto, aumentando el bienestar individual o colectivo sobre la base del conocimiento acumulado. Ello ha sido así desde quienes vivían como cazadores-recolectores, y comenzaron a fabricar utensilios, como hachas de mano, o domesticaron el fuego para obtener su sustento y protegerse de los peligros, hasta los modernos habitantes del siglo XXI, que habitan un mundo digitalizado, en que la realidad análoga coexiste con la digital.


Este proceso de paulatino incremento del valor ocurrido a lo largo del tiempo provino del conocimiento que los seres humanos fueron acumulando e integrando en sus culturas en ese mismo período. Este se ha ido “empaquetando” en los artefactos que utilizamos en nuestra vida cotidiana, en la interpretación y explicación que hacemos del mundo natural, así como en las ideas y marcos conceptuales que dan origen a los códigos legales, a las formas de organización grupal o nacional y a los planteamientos filosóficos, que permean la vida actual. En cierto modo, ello ha marcado el curso de la historia y está permanentemente presente en la vida de las personas.


La Visión planteada en esta Estrategia procura alinear la trayectoria de desarrollo del país con el establecimiento de una Sociedad del Conocimiento, en la cual la creación de valor está estrechamente ligada a la CTCI. Asimismo, le otorga a la CTCI un rol fundamental en el proceso de desarrollo que logre el bienestar de sus habitantes. A su vez, su Propósito es impulsar, fortalecer y profundizar el despliegue de la CTCI, de manera que el proceso de Creación de Valor se oriente de manera constructiva hacia un desarrollo Sostenible e Integral.



Fotografía de Max Donoso, Fundación imagen de Chile.

Valle de Colchagua. Región Del Libertador Gral. Bernardo O’Higgins, Chile.



RECUADRO 1_ CTCI ante una pandemia global El coronavirus (SARS COV-2) irrumpió sobre la humanidad a principios del año 2020, causando graves estragos en la salud de millones de personas, y planteó numerosos desafíos que solo pudieron ser abordados gracias a las capacidades de CTCI instaladas en múltiples países, incluido Chile. Por una parte, en lo directamente relacionado con la enfermedad, la rápida secuenciación del virus y su publicación abierta a la comunidad científica permitió fabricar los muy necesarios kits de diagnóstico. Asimismo, nuestra comunidad científica se hizo parte del desarrollo científico y clínico de las diversas vacunas aprobadas para uso en nuestra población, las cuales han demostrado una efectividad que ha contribuido a controlar la pandemia. La ciencia exploró además exitosamente estrategias innovadoras para desarrollar vacunas, como las de mRNA y adenovirales, que permitieron contar, en menos de un año, con múltiples opciones de vacunación segura y efectiva, gracias a un trabajo que la ciencia ha venido construyendo hace años. Fue necesario, además, levantar o expandir fábricas para manufacturar miles de millones de dosis y otorgar así una protección segura a la población mundial. Asimismo, las capacidades instaladas de levantamiento y análisis de datos sanitarios permitieron hacer evaluaciones oportunas y comparar la evolución de la pandemia entre distintos países y territorios dentro de ellos y contribuyeron a evaluar los resultados de los distintos tratamientos y medidas preventivas. Por el lado de los impactos “no sanitarios”, han sido también muy importantes los aportes de disciplinas científicas en áreas como la educación, economía, estadística y ciencia de datos, para abordar con nuevas metodologías los desafíos que la pandemia ha impuesto en esos ámbitos, tan importantes para nuestra sociedad. Por ejemplo, la pandemia aceleró la transición hacia la interacción online, cambiando la manera en que se conducen las relaciones humanas, sociales, educacionales y laborales, que se espera permanecerá incluso cuando las restricciones de desplazamiento y reunión hayan quedado atrás. Eso también se basa en tecnología, en este caso digital. Todo lo anterior no habría sido posible sin una acción, e inversión, oportuna y decidida en múltiples disciplinas de la CTCI, la que, a su vez, se basa en un sinnúmero de capacidades previamente instaladas en instituciones y personas de muchos países.

Fotografía de Gerhard Hüdepohl. https://atacamaphoto.com

Glaciar Holanda al interior del Canal Beagle, Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, Chile.


1.3. Sustentabilidad y preservación de la Biósfera y sus ecosistemas


El bienestar de las sociedades depende de la naturaleza y la biodiversidad, pues su desarrollo se apoya en ambas. Sin embargo, el funcionamiento de los procesos ecológicos básicos para la vida, incluyendo la humana, exhibe crecientes niveles de degradación, lo que, a su vez, deriva en pérdida de biodiversidad, que impacta a dichos procesos, estableciendo un ciclo perverso.


Por ello, el mayor desafío que enfrenta la humanidad es la preservación de la Biósfera. Ello incluye la recuperación y mantención de los ecosistemas que la componen, así como sus especies y poblaciones, y asegurar que se mantengan las condiciones biofísicas – en la atmósfera, hidrósfera, y la Tierra misma - necesarias para la vida. La integridad de los ecosistemas proviene de las delicadas interacciones de organismos vivos con su entorno físico, cuyas formas y relaciones son el resultado de procesos co-evolutivos que ocurrieron en el pasado y que continúan hacia el futuro: ellos son de tipo ecológico, biogeoquímico, de sostenimiento de redes tróficas, o de ciclaje de agua, carbono o nitrógeno, así como de degradación y ciclaje de nutrientes, entre muchos otros.


Todo el desarrollo humano se basa en la existencia de las relaciones biofísicas aludidas. A lo largo de la historia, en particular durante la Revolución Industrial de los últimos trescientos años, y con mayor celeridad en la Revolución Digital de los últimos treinta, la creación de valor se ha sustentado en un vigoroso desarrollo tecnológico. Esto ha permitido sostener los crecientes niveles de población que habitan el planeta, pero, al mismo tiempo, ha impuesto una carga creciente sobre la biósfera, modificando sus delicados equilibrios y generando una amenaza a las contribuciones que la naturaleza provee - sus servicios ecosistémicos -, que son los que permiten el sustento de la vida humana.

Esta amenaza tiene impactos que van más allá de lo económico, afectando directamente la vida rutinaria de las personas en distintas dimensiones: escasez de agua, enfermedades zoonóticas o producto de la contaminación, entre otras; incluso, eventualmente, pone en riesgo la propia sobrevivencia de la especie.


Una forma particular en la que se manifiesta este daño, es el aumento de la concentración de gases efecto invernadero en la atmósfera, entre ellos el CO2, producto del uso de combustibles fósiles como fuente de energía, y el metano, debido a la crianza de bovinos, entre otras causas. Estos inducen una modificación en el clima del planeta - aumento de su temperatura media, derretimiento de reservas de hielo, que elevan el nivel del mar afectando zonas costeras habitadas, y una mayor frecuencia de eventos climáticos extremos - dificultando las condiciones en las que se desenvuelven las comunidades humanas, todo lo cual da lugar al fenómeno conocido como cambio climático.

Se suma a esto, la pérdida de biodiversidad, producto de la transformación en el uso de suelo, fundamentalmente para agricultura y ganadería, así como la contaminación de este en todas sus formas.


Frente a esta amenaza vital, el proceso de creación de valor basado en CTCI debe considerar que el desarrollo social y económico vele por la recuperación, mantención y protección de su base fundacional, la biósfera (Figura 1). El éxito de esto sólo puede lograrse construyendo y aprovechando el conocimiento disponible, y generando nuevo conocimiento diverso y útil a ese propósito. Si como algunos proyectan, la población mundial se estabiliza en la segunda mitad de este siglo en unos diez mil millones de seres humanos, no parece factible volver a estadios tecnológicos anteriores, pues ello afectaría gravemente la calidad de vida de las personas que habitan el planeta. El camino es poner las capacidades de la CTCI al servicio de la sustentabilidad, creando valor que preserve la biósfera, a través de la recuperación de los ecosistemas degradados, la mitigación de los impactos existentes, y por sobre todo, la adaptación de la sociedad a un mundo cambiante, propiciando pensamiento creativo, crítico y ético que permita avanzar hacia modos de vida armónicos con la naturaleza. Ese desafío debe estar al centro de cualquier estrategia de CTCI de estos tiempos.



Figura 1. ODS.

Fuente: Stockholm Resilience Center, “The SDGs wedding cake”



1.4. Sociedad Inclusiva y Ética


El desarrollo de la CTCI es piedra angular del proceso de creación de valor que genera bienestar. Un desarrollo sostenible e integral, además de la preservación de la biósfera, requiere construir una sociedad inclusiva y democrática, que vele por el bienestar de su gente y su vida social. Esto requiere modos de convivencia susceptibles de ser pensados y juzgados éticamente, lo que necesita de una capacidad de reflexión crítica para buscar y discernir cuáles son aquellos que mejor permiten alcanzar ese ideal.


Las complejidades de las sociedades contemporáneas exigen que esa reflexión se haga con el más amplio conocimiento que al respecto se pueda tener. Este proviene en gran parte tanto de las ciencias sociales como de la investigación en artes y humanidades, porque esas son las disciplinas cuya orientación está destinada precisamente a examinar el comportamiento humano, a caracterizar, representar y expresar sus manifestaciones. La CTCI puede constituir ese lugar de encuentro entre actores del ecosistema, que abriendo espacios transdisciplinarios de reflexión, y mediante la deliberación política democrática con perspectiva ética, construya futuros posibles que orienten el desarrollo en la dirección del bienestar integral.


El reconocimiento explícito de esas disciplinas como integrantes de la CTCI enriquece el abanico de ramas del saber requeridas para impulsar un desarrollo balanceado. Ellas ayudan a construir una mirada holística de la vida en comunidad, y contribuyen a corregir aquellos aspectos que la creación de valor y cuidado de la biósfera hayan descuidado. Así, el bienestar y el progreso al que los ciudadanos aspiran se hace compatible con la perspectiva ética con que los seres humanos juzgan sus conductas colectivas. El desarrollo de esas disciplinas forma, pues, una parte integral de la Visión y Propósito de esta Estrategia, introduciendo así un compromiso con la inclusión y la dignidad de las personas, en un marco ético acorde con lo anterior.


Como conclusión de este capítulo, el aporte de la CTCI al desarrollo del país se funda en su capacidad de crear valor para la sociedad, por medio de procesos productivos y organizacionales que no abandonen la preservación de la biósfera, y cuyo resultado sea examinado de manera crítica para mejorar la inclusión, la equidad y la convivencia social de sus habitantes.


Fotografía de María José Pedraza, Fundación Imagen de Chile. Palacio de La Moneda, Región Metropolitana de Santiago, Chile.


TENDENCIAS GLOBALES El acelerado proceso de cambios que protagoniza la humanidad, impulsado en gran medida por la ciencia y la tecnología, puede resumirse afirmando que se está en medio de una gran revolución transversal y, simultáneamente, una acuciante preocupación global. Por un lado, está la revolución de la información, que es transversal, y que se da en dos formatos, el biológico y el digital; por otro, la sustentabilidad planetaria[2][3], que también se da en dos formas, el cambio climático y la preocupación por la biósfera, que requieren la acción conjunta de todos sus habitantes. Sin embargo, es necesario hacer una distinción entre ambas. La revolución de la información - digital y biológica - es en sí misma una impulsora de transformaciones. En cambio, la sustentabilidad planetaria – cambio climático y mantención de los equilibrios biosféricos - es una preocupación que surge de la constatación de fenómenos de alta inercia y de escala global que se despliegan a través de horizontes largos de tiempo, y que, en parte, son consecuencia de la acción humana basada en la ciencia y la tecnología[4]. La revolución digital y biológica ocurre con el telón de fondo de la sustentabilidad planetaria. Revolución Digital Las teorías matemáticas sobre información han permitido representar la información de manera discreta en formato digital, y proveen la arquitectura necesaria para su procesamiento en diversas plataformas computacionales. Ello ha dado lugar a la construcción de un universo digital, capaz de representar los objetos del universo físico y simular procesos de variada índole para hacerlos más eficientes o más adecuados a las necesidades humanas, facilitando de paso la comunicación, la educación y la entretención. Sin embargo, esa revolución conlleva una importante discusión respecto de sus potencialidades y riesgos, entre los que se encuentran la propiedad y el uso de los datos en el marco de la privacidad de las personas, la manipulación de la autonomía individual por medio de algoritmos que anticipen sus deseos y preferencias, y la amenaza laboral que presenta la automatización. Revolución Biológica La biología moderna explica el fenómeno de la vida como la expresión física de materia complejamente organizada y auto-organizada. Esto ha modificado el paisaje intelectual contemporáneo, pues ha permitido comprender la interacción de los organismos vivos con la materia inanimada, y de todos ellos entre sí, con una perspectiva diferente. En particular, ha dado lugar a la aparición de la biología sintética, que permite construir componentes vitales artificiales, distintos de los surgidos naturalmente, y utilizarlos en distintas instancias para beneficio de las personas. Ha posibilitado el desarrollo de la biotecnología, que permite manipular la base genética de los organismos, y luego combinar ambas con otras tecnologías físicas, como la nano-tecnología, y abrir así un fértil campo de exploración para que el ingenio humano genere valor mediante la innovación y el emprendimiento. La advertencia indicada para la revolución digital es aún más válida para el caso de la revolución biológica, pues su utilización puede poner en peligro la supervivencia de la especie. La capacidad para modificar genéticamente la descendencia modificando las células germinales de los progenitores por medio de la técnica del Crispr-Cas9, o de generar proteínas artificiales con nucleótidos distintos de los conocidos, requieren un exhaustivo examen de ellas previo a su utilización. Ambas revoluciones se basan en el concepto de información: bits de información discreta, en el caso de la primera, e información discreta contenida en el ADN de los organismos vivos en el caso de la segunda. Por esa razón, ambas tienden a converger desde la perspectiva de su comprensión, expandiendo sus combinaciones mutuas, multiplicando sus posibilidades de uso, abriendo con ello un enorme y fértil campo de experimentación, innovación y creación de valor que antes no estaba disponible. Esta convergencia se extiende también a los ámbitos de la física, la química y la ingeniería. Preocupación Global La acción humana, a través del uso intensivo de la ciencia y la tecnología y sus aplicaciones en la vida diaria, ha interferido con los servicios ecosistémicos que entrega la biósfera, que constituye el capital natural sobre el que se sustenta la vida humana. El más notorio de ellos es el cambio climático, pero también lo son la degradación de los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad, cuya co-evolución es necesario comprender para poder estar en condiciones de corregir su rumbo, cuando este atente contra la sustentabilidad de la vida sobre el planeta. Ello requerirá de más CTCI y no menos, pero junto con ello, de un delicado y reflexivo uso de ella. Establecer una adecuada interacción entre ambas revoluciones – la digital y la biológica –así como la necesidad de preservar la sustentabilidad de la vida será el escenario en el que se desplegará la humanidad en lo que resta del siglo.

Fotografía de Guy Wenborne, Fundación Imagen de Chile.

Faro Carranza, Constitución. Región del Maule, Chile.

 

[1] Respecto de los saberes ancestrales, el consejero Andrés Antivil Álvarez, con la colaboración de la consejera Bárbara Saavedra, aportaron un texto con su visión que puede encontrarse en la Plataforma Documental del Consejo CTCI: https://docs.consejoctci.cl/documento/los-conocimientos-tradicionales-y-saberes-ancestrales-de-los-pueblos-indigenas-de-chile/


[2] Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (2019). Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para Chile.


[3] Alvarez, J. (2018). Reportes de Futuro: Tres Preocupaciones Urgentes para Chile. Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo.


[4] Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (2021). Base para la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.