Para alcanzar la Visión presentada y lograr el Propósito descrito es necesario que los componentes de la CTCI se desplieguen de manera individual y entrelazada. Eso es lo que permite que se potencie la generación de conocimiento - de fenómenos sociales y naturales, además del generado por las ciencias exactas y formales como la matemática, la lógica y las ciencias de la computación -, que se desarrolle su aplicación tecnológica, que a partir de ello se cree valor, en un sentido amplio, y que luego todo eso se implemente productivamente. Además, como ya se indicó, es la CTCI, adecuadamente orientada e incentivada, la que, en las sofisticadas sociedades contemporáneas, juega un rol determinante en la preservación de los equilibrios de la biósfera, tanto en sus aspectos geo-físico-químicos como en los relativos a la biodiversidad. Asimismo, es importante considerar el impacto social que todo lo anterior conlleve, por lo que la reflexión crítica respecto de la sociedad resultante, aportada principalmente por las ciencias sociales y la investigación en artes y humanidades, contribuyen a abordar esos desafíos.



Fotografía de Francisco Negroni, Fundación Imagen de Chile.

Laguna Verde, Volcán Llaima, Región de La Araucanía, Chile.


2.1. Descripción y funcionamiento del Ecosistema


La interacción conjunta de la Ciencia, la Tecnología, el Conocimiento y la Innovación, constituyen el ecosistema en el que se genera y transfiere conocimiento con el objeto de aprovecharlo para beneficio de la sociedad. Para que ello suceda, se debe procurar que los actores que participan en los diversos nodos que lo componen estén adecuadamente insertos en el sistema social.


Este ecosistema integra al conjunto de instituciones de investigación y fomento de actividades ligadas a la CTCI, de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que las apoyan, de sistemas de conocimiento local y nacional, de empresas de diverso tamaño, de universidades y centros educacionales, entre muchos otros. Todos ellos constituyen una compleja red de nodos, y de interacciones entre ellos, cuyas actividades, con distintos propósitos e intereses, y entrelazadas entre sí, potencian la creación, intercambio y transferencia de conocimiento en su interior. Es en esta interacción de los componentes del ecosistema, que se crea y emerge el valor relevante para la sociedad en su conjunto.


De esa forma se construye la llamada Sociedad del Conocimiento, en la que la creación de valor social se produce en múltiples dimensiones: utilitaria, comercial, educacional, cultural, deportiva, filosófica o artística, generando con ello un positivo impacto en el bienestar de la población en sus distintos espacios.


En la Base para la Estrategia Nacional de CTCI[5], se puso el énfasis en el sub-sistema de Ciencia, Tecnología, Innovación y Emprendimiento, este último de base científico-tecnológica (CTIE), porque tiene la capacidad de implementar productivamente lo generado en los otros. Así, el conocimiento incorporado en los bienes y servicios a disposición de la población, a través de la interacción virtuosa de esos cuatro pilares, que se combinan y retroalimentan en cualquier orden, genera el valor que mejora las condiciones de vida de la población.


En esta Estrategia, por su parte, se considera a la CTCI como un concepto más amplio. Esta incluye, además de Ciencia, Tecnología e Innovación, al Conocimiento proveniente de la investigación en Artes y Humanidades y de una parte de las Ciencias Sociales[6], disciplinas que se orientan a describir, comprender e interpretar los fenómenos del comportamiento social humano, procurando darles un sentido, o bien, reflexionan respecto de cómo debe ser la vida humana y cómo debe desplegarse su convivencia.


Fotografía de Sernatur, Fundación Imagen de Chile.

Oficina salitrera, Región de Tarapacá, Chile.


2.1.1.El flujo de conocimiento


Lo esencial en el Ecosistema es el flujo, intercambio y transferencia de conocimiento entre sus nodos, a partir de los diferentes propósitos e intereses de sus actores, en las más diversas combinaciones posibles, pero dentro de los marcos normativos y éticos establecidos por la sociedad.


Así, el conocimiento puede fluir tanto desde quienes lo crean hacia quienes lo aplican, o desde quienes transforman lo anterior en innovaciones que generan valor, hacia los emprendedores, o desde todos ellos hacia quienes lo crean, a partir de nuevas preguntas que éstos plantean.


Su lógica de operación es no lineal, por lo que no resulta obvio anticipar la forma en que el conocimiento que alimenta a un nodo se traduce posteriormente en productos, nuevas preguntas, servicios o nuevos marcos de comprensión en otro nodo, ni cómo estos se transforman luego en resultados tangibles e intangibles, ni menos, de qué manera todo ello impactará en la sociedad y viceversa.


Esta característica hace que la mirada de un mercado tradicional de intercambio competitivo de bienes y servicios no dé buena cuenta de su funcionamiento, ya que aquí no hay derechos de propiedad bien establecidos[7], ni hay ausencia de externalidades, sino, más bien, hay abundancia de externalidades positivas[8]. Por eso y por el positivo impacto que el ecosistema tiene en la sociedad, se justifican los subsidios que se le otorgan. Además, es la existencia de dichos subsidios lo que, en general, impide la apropiación privada del conocimiento así generado[9], y es la razón por la que normalmente no hay precios de transacción de dicho conocimiento.



2.1.2. Masas críticas


El ecosistema requiere de una masa crítica de actores, tanto en cantidad como en diversidad de disciplinas, competencias y roles. Todo ello es lo que permite una explosión combinatoria de conexiones, y permite recorrer una mayor variedad de áreas del saber y de campos de acción.

Adicionalmente, para que la combinación de cantidad y diversidad no provoque un antagonismo mutuo, es decir, que el procurar diversidad no limite el desarrollo de las disciplinas donde existe abundancia y calidad, es necesario que en las nuevas áreas o disciplinas que se incorporen se alcance un umbral de calidad mínimo, de modo que la diversidad buscada se combine con la competencia disciplinaria requerida. El desarrollo de capacidades diversas es importante para aprovechar la riqueza de los territorios y abordar las prioridades del país.


La tarea de las agencias encargadas de promover el Ecosistema CTCI, es procurar que los recursos sean asignados respetando las particularidades de cada disciplina y áreas de actividad y la naturaleza de los diversos actores, velando por la calidad y el desempeño del ecosistema en su conjunto. Ellas deben contar con mecanismos y criterios que le den flexibilidad, para así realizar las modificaciones necesarias que cierren brechas, integren mejoras y se adapten a nuevos contextos.


2.1.3. El rol del sector público y del sector privado


El Estado tiene, entonces, la misión de promover un ecosistema que facilite la transferencia de conocimiento, que vele por el acceso al conocimiento como bien común, y que propicie su contribución al bienestar y desarrollo país, incluso si sus efectos positivos no los pueda anticipar con precisión. Juega un papel crucial en el establecimiento de dicho ecosistema, siendo el principal impulsor de la creación de conocimiento, y de la promoción de tecnología, innovación y emprendimiento. Por otra parte, es en estas últimas donde el sector privado está en mejores condiciones de participar en su despliegue.


Pero además, el Estado tiene la responsabilidad de dar dirección a este ecosistema para que se conecte con las necesidades del desarrollo del país y articule las capacidades necesarias para lograrlo.


La creación de valor desde el mundo privado, depende, a su vez, de la profundidad, densidad y diversidad de la generación de conocimiento y desarrollo tecnológico que el Estado haya impulsado. Cuando eso se logra, se produce una retroalimentación virtuosa entre ambos: aumenta la cantidad de empresas de base científico-tecnológica, las que demandan más investigación pública, lo que facilita, a continuación, una mayor participación privada en el ecosistema, y, por esa vía, a la larga, esta tiende a transformarse en predominante.


Todo eso requiere de políticas de largo plazo, que persistan en el tiempo, para lo cual el Estado debe tener la firme convicción del valor e importancia que el Ecosistema CTCI tiene para impulsar el desarrollo del país. Debe además dotarlo de una institucionalidad que vele por la consistencia inter-temporal que eso requiere. Es necesario también, generar condiciones socio-políticas que permitan materializar esta contribución, tales como el Estado de derecho, la paz social, las instituciones democráticas, la inclusión política y social y la estabilidad institucional.


Fotografía de Rafael Chauquelaf, Fundación Imagen de Chile.

San Antonio, Región de Valparaíso, Chile.


2.2. Robustez y Densidad del Ecosistema


La robustez y densidad del Ecosistema CTCI depende, entre otros atributos de: diversidad en su interior, conexión entre sus nodos, lógica de red, y vinculación con la sociedad en la que está inserto, planteando desafíos societarios que atiendan a necesidades y hagan sentido a la población. Estos atributos son descritos a continuación.


2.2.1. Diversidad


Un ecosistema diverso es más productivo, resiliente y capaz de adaptarse a situaciones emergentes e imprevistas. Una diversidad de miradas e interpretaciones, disciplinas y competencias, roles y trayectorias, permite la fertilización cruzada que enriquece su quehacer.

Para lograr esa diversidad, es fundamental que el sistema de educación nacional permita el acceso sin discriminación a una formación orientada a las competencias del siglo XXI desde la más temprana infancia. Así, las nuevas generaciones tendrán la oportunidad de acceder a disciplinas que las provean, y desarrollar el pensamiento crítico, creativo y reflexivo necesario que les permita enfrentar el futuro incierto y en constante cambio que caracteriza a las sociedades contemporáneas. Valorar la diversidad de intereses, conocimientos, trayectorias y roles de los participantes del Ecosistema CTCI, y reconocer su importancia para adaptarse a situaciones emergentes e imprevistas, debe ser uno de los lineamientos permanentes de cualquier Estrategia Nacional.


2.2.2. Conexión


La inteligencia humana está llamada a enfrentar cambios inéditos, en alianzas que superan la distancia disciplinar, profesional y local. En este sentido, son las interacciones entre los diversos actores institucionales y personas que participan de la CTCI las que multiplican las opciones de crear valor y abordar la incertidumbre, en un juego que es global. Existen además, diversas formas de interacción, complejas y sofisticadas, que es necesario reconocer, fomentando el trabajo multi, inter y transdisciplinario. Los espacios de conexión facilitan el intercambio de conocimiento tácito[10] y explícito, tanto doméstico como global, y propician la serendipia y la aleatoriedad para que existan más encuentros improbables y más convergencias virtuosas.


2.2.3. Lógica de red


Los sistemas robustos tienen la capacidad de soportar perturbaciones significativas sin perder funcionalidad y dotándose de resiliencia. Para lograr aquello, se requiere contar con una estructura distribuida y contextualizada a sus territorios, que habilite numerosos “caminos” alternativos desde los cuales el sistema pueda conducir sus procesos, generando capacidades sostenidas en el tiempo (Ilustración 1).


En ese sentido, la robustez del Ecosistema CTCI depende, en gran medida, de la forma en que esté estructurada su red de conexiones.

Ilustración 1. Estructura centralizada vs estructura distribuida.

Fuente: CNID, 2017.


2.2.4. Vinculación con la Sociedad


La CTCI no se desarrolla de manera aislada. Ella está inserta en un contexto social, cultural y territorial que le da forma y sobre el que incide. Por ello, la conexión que la CTCI logre con la sociedad es crítica. Para que esta aprecie y legitime, social y políticamente, la función y actividad del ecosistema y los problemas que aborde, estos deben ser pertinentes para ella. En otras palabras, para que relación entre Ecosistema CTCI y Sociedad sea fructífera, ella requiere ser bidireccional.


En la identificación y abordaje de los desafíos societarios, la comunidad CTCI y la sociedad deben actuar de forma conjunta, en un equilibrio que atienda, a la vez, necesidades urgentes con una mirada de largo plazo. Esto supone reconocer como legítimas las voces de las diversas comunidades existentes: las locales, las de la sociedad civil, del mundo empresarial, del mundo de las artes y, también, la de los pueblos originarios, donde tenemos una gran brecha. La contribución de la CTCI se enriquece si se integra a un diálogo con el medio, que haga más pertinentes sus contribuciones, y que por esa razón se perciban más cercanas a las necesidades del entorno.


Esta mirada integrada es también necesaria para abordar los dilemas éticos, – aquí la contribución de las artes y humanidades y las ciencias sociales es especialmente crítica – lo que precisa nutrir a la interacción social de actos humanos distintivos como hacer preguntas, explorar, buscar evidencia, descubrir y aprender.


Esto no significa que la actividad del Ecosistema CTCI se rija por las demandas circunstanciales que plantee la ciudadanía. Más bien, lo que se busca es que más allá de su actividad rutinaria, el ecosistema mantenga como propósito final, como visión de futuro, una cercana conexión con la sociedad y los grandes problemas que la aquejan, para que ella comprenda y valore su aporte, junto con beneficiarse de él.


2.3.

El Ecosistema CTCI y las capacidades humanas


El Ecosistema CTCI no es solo una estructura de nodos y conexiones en el que interactúan estos componentes, si no, sobre todo, es una vasta red de investigadores, técnicos, divulgadores, innovadores y emprendedores, entre otros, que en conjunto constituyen una parte importante de las capacidades humanas del país, tanto técnicas como avanzadas.

Por esa razón, cualquier esfuerzo que se haga para promover, mejorar o profundizar la transferencia de conocimiento en el ecosistema -tanto de CTIE como de CTCI - y, por esa vía, impulsar la generación de valor en el país y sus regiones, debe ir necesariamente acompañada del desarrollo de capacidades humanas que lo materialicen. Ese talento requiere actores cada vez mejor preparados, con estudios de especialización y postgrado en sus respectivas áreas y disciplinas, si ellas tienen un carácter más académico, o bien, precisan tener experiencia en la implementación de procesos innovativos, si se trata de empresas productivas u otro tipo de organizaciones. Esto también requiere cultivar, desde las edades tempranas, una mentalidad crítica, creativa y reflexiva, para que estos procesos se integren plenamente a los distintos espacios de la sociedad.



Fotografía de Max Donoso, Fundación Imagen de Chile.

Embalse Puclaro, Vicuña. Región de Coquimbo, Chile.

 

[5] Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (2021). Base para la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.


[6] Tal como se explica en la sección 3.2.3 del capítulo 3, existe una parte de las ciencias sociales cuya orientación es más normativa que el resto de ellas, que forman parte del conjunto de la ciencia.


[7] De hecho, las patentes solo aparecen en las etapas más tardías del proceso, y eso está ocurriendo cada vez con menor frecuencia, amagada su conveniencia por la velocidad con que el conocimiento se genera.


[8] El enriquecimiento del acervo cultural, la capacidad crítica y reflexiva de la sociedad, la capacidad de anticipación de escenarios, la sinergia innovativa a partir de conocimiento público, son todas “externalidades” propias del Ecosistema CTCI.


[9] Esto también se sustenta en los casos en que el conocimiento se considera de bien público.


[10] Se refiere al conocimiento que viene incorporado en las personas, a través de su formación o experiencia en el trabajo. Por su propia naturaleza, es un tipo de conocimiento complejo que se adquiere en la interacción de la práctica.