Para que se concreten la Visión que esta Estrategia imagina y el Propósito que plantea, se requiere fortalecer el Ecosistema CTCI. En el capítulo anterior se indicaron los diversos ámbitos y las distintas direcciones en que es necesario hacerlo. Además de ese reforzamiento, será preciso movilizar con agilidad la investigación, la tecnología, la innovación y el emprendimiento del país en la dirección deseada.


Esto requiere que la CTCI se integre a la sociedad y que la ciudadanía comprenda y releve su importancia, apoyado en un relato país, en el que la CTCI se constituya como pilar de la sociedad del conocimiento y convoque a los diversos actores a hacerse parte de ella. Es necesario considerar también otros impulsores que, al colaborar con ese esfuerzo, permitan acelerar el avance en la trayectoria requerida.


A ese relato y a esos impulsores los denominamos catalizadores, porque su propósito es acelerar la consecución de los objetivos planteados en esta Estrategia. Corresponden a ideas movilizadoras, que materializan el marco de la visión planteada, dando dirección a la acción en distintos espacios de la sociedad y articulando a diversos actores.


El rol de ellos es, en consecuencia, gatillar procesos que, al ser abordados de manera coordinada, pueden tener un gran impacto en el desarrollo del país. Estas orientaciones procuran aprovechar la convergencia de las capacidades tecnológicas y se apoyan en el consenso político que la CTCI es capaz de generar.


Por otra parte, estas sobrepasan el alcance de las políticas de CTCI, y aunque inciden en ellas, su impacto se amplía a distintos ministerios, agencias y gobiernos regionales, buscando sumar a otros actores sociales en diversos ámbitos y espacios territoriales. Dado que se trata de ideas movilizadoras y lineamientos orientadores, es necesario que tengan un carácter general amplio. Es importante también, que puedan comenzar a desplegarse en el corto plazo, de modo que a medida que transcurra el tiempo, impulsen las transformaciones estructurales requeridas en el mediano y largo plazo.


Más que intencionar un futuro específico, estas iniciativas buscan abrir espacios de los que puedan emerger diversos futuros posibles, en todos los cuales la Visión de esta Estrategia se materialice, con participación de los distintos actores: un Estado articulador y orientador, una CTCI comprometida con el país, y un sector privado y una sociedad civil involucrados y proactivos.

Las iniciativas catalizadoras propuestas son cinco, todas de carácter movilizador, siendo la primera además, motivacional e integradora.

  • CTCI inserta en un relato de Chile que haga sentido a su gente y fortalezca su identidad interna y ante el mundo.

  • CTCI al servicio de los Desafíos País y las necesidades de sus habitantes.

  • CTCI aportando decididamente a la sustentabilidad de los ecosistemas y la preservación de la biodiversidad.

  • Complementación público-privada para potenciar el rol transformador de la CTCI.

  • Educación en CTCI y CTCI en educación, que contribuya a la creatividad y al pensamiento crítico y reflexivo en la formación integral de las personas.


Fotografía de Los Contra, Fundación Imagen de Chile.

Río Biobío, Región del Biobío, Chile.


4.1.

CTCI inserta en un relato de Chile que haga sentido a su gente y fortalezca su identidad interna y ante el mundo


La mayor ambición de esta Estrategia es que la CTCI sea parte de la identidad del país y de su gente, transformándose en fuente de orgullo y de posicionamiento internacional, integrándose en los distintos espacios sociales, aportando comprensión, reflexión y formas novedosas de mejorar la calidad de vida abordando los retos del desarrollo sustentable e inclusivo al que aspiramos.


Así, el conocimiento puede aportar a la valoración del patrimonio cultural y natural de Chile, contribuyendo a una mejor comprensión de las condiciones propias del país y de las oportunidades que se generan a partir de sus características particulares.


Una sociedad que comprenda el rol crítico que cumple la CTCI, que procure impulsar su despliegue con la convicción y perseverancia necesarias, que incorpore ese acervo a la cultura del país, y la integre a su imaginario colectivo, estará provista de las herramientas requeridas para alcanzar las metas que esta Estrategia plantea.


La ausencia de la CTCI en el relato país se manifiesta, entre otras cosas, en la baja prioridad que el mundo político le ha dado en el tiempo. No ha logrado ser vista como un pilar clave de desarrollo. Si así fuera, la propia ciudadanía demandaría impulsarla, el mundo político la tendría entre sus prioridades y los esfuerzos serían persistentes a lo largo del tiempo. En ese caso, su capacidad para crear valor y generar mejores condiciones de vida para la población la legitimaría, permitiendo una retroalimentación virtuosa que impactaría positivamente el desarrollo del país.


Así, un primer gran catalizador de la Visión es incorporar a la CTCI al imaginario nacional, de modo que forme parte integral de la identidad del país y de su gente, y que, además, ello se traduzca en una nueva imagen que el país proyecte hacia el exterior, transformándose en una fuente de orgullo nacional y de posicionamiento internacional. Eso requiere construir y dar vida a un relato país congruente con esta propuesta.


Tanto en el Libro Blanco de CTCI como en la Base de la Estrategia, se proponen elementos de un relato que ayuda a construir esa imagen, sobre la base de las condiciones, únicas e irrepetibles, que ofrece la diversidad del territorio chileno y que pueden ser fuente de creación de valor de manera sustentable. A esto se suma, el que las características de una naturaleza extrema y constantemente expuesta a desastres de origen natural, le imprimen un carácter resiliente a sus habitantes, transversal a la diversidad cultural del país. Este carácter también se expresa en su historia política, en particular en los procesos de transición democrática.


Así, el mundo CTCI se integra a la sociedad, formando parte de un sueño inspirador que permite a los chilenos y chilenas reconocerse como personas creativas, resilientes e innovadoras. Eso nos permite recuperar nuestra historia integrando nuestra condición de país extremo, y proyectar nuestra cultura y territorio como un gran laboratorio de convivencia y sostenibilidad para el mundo.


Fotografía de Sernatur, Fundación Imagen de Chile.

Campos de Hielo Sur. Región de Aysén del Gral. Carlos Ibáñez del Campo, Chile.


RECUADRO 6_ Un relato que releva nuestras singularidades naturales En el extremo norte de Chile, en el desierto de Atacama, se ubican los mejores cielos del planeta para la observación astronómica, y uno de los mejores distritos minero-energéticos del mundo para generar energía solar fotovoltaica e hidrógeno verde, además de cobre verde y litio, todo lo cual está adquiriendo una importancia crucial en terminar con el uso de los combustibles fósiles, y sustituirlos por generación y almacenamiento de energía eléctrica. En su extremo sur, se encuentran los ecosistemas marítimo-terrestres más importantes del hemisferio sur, y una ubicación privilegiada para acceder a la Antártica, un continente destinado solo a la investigación, para lo cual Punta Arenas tiene todas las condiciones para transformase en la capital científica de ese esfuerzo. Se trata de un territorio cuyo estudio permitirá una mejor comprensión de la formación de las corrientes marinas y de la temperatura del mar, todo lo cual incide en el clima del planeta. Además, el extenso litoral del país, y el mar que ese litoral enfrenta, es un inmenso espacio abierto a la investigación científica, de crucial importancia para el futuro de la humanidad, pues los océanos son las zonas menos estudiadas y comprendidas del planeta. Esa privilegiada ubicación geográfica, a la que se suman los atractivos turísticos de clase mundial que esos territorios extremos ofrecen - tanto el desierto de Atacama como la Patagonia chilena y la zona subantártica - y la infraestructura simbólico-científica que se está gestando con edificios icónicos como el Centro Antártico Internacional a construirse en Punta Arenas, El Centro Subantártico Cabo de Hornos ubicado en Puerto Williams, y los que se instalarán en el futuro - el Centro de Interpretación Astronómica Chajnantor en el Parque Astronómico Atacama de ANID, y el que construirá la Corporación de Investigación y Avance de la Paleontología e Historia Natural de Atacama, en el Parque Los Dedos, en la cercanía de Caldera – constituyen un conjunto de activos en torno a los cuales se puede sustentar el relato al que esta Estrategia alude. Esa imagen de Chile debe ser promovida en todos los niveles, desde el Estado y el sector privado, ser incorporada al trabajo que realiza la Fundación Imagen de Chile, y en lo posible, que forme parte del lenguaje cotidiano nacional, de modo que los chilenos y chilenas la internalicen como propia y que desde el exterior, el país sea visto crecientemente a través de ese prisma. Una imagen así construida contribuirá de manera natural a catalizar la Visión propuesta, y será la base sobre la cual se apoyarán los otros que a continuación se presentan[57].

Fotografía Gerhard Hüdepohl http://atacamaphoto.com

Fiordo Pía, Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, Chile.


RECUADRO 7_ Un relato que releva el carácter resiliente de los habitantes de Chile De acuerdo a Charles Darwin, quien fue testigo de la ruina de Concepción en 1835, esta situación de inestabilidad debería ser suficiente para destruir la prosperidad de cualquier país, pronosticando que éste caería en bancarrota, desorden y caos total. Sin embargo, si Darwin se hubiese quedado en Concepción lo suficiente, habría descubierto que esto no es lo que pasó en 1835, ni en ninguna de las otras grandes catástrofes que ha sufrido nuestro país. Al contrario, luego del terremoto de Concepción el orden fue solo momentáneamente interrumpido; rápidamente la Intendencia organizó la ciudad desde una carpa en la Plaza de Armas y luego el Gobierno Central se preocupó de organizar la reconstrucción de los pueblos afectados. En el 2010, Chile tampoco colapsó ni fue incapaz de mantener las finanzas fiscales y orden institucional, como Darwin pronosticaba. Al contrario, al igual que en 1835, luego de unos días de desorden inicial se logró recuperar el control de la situación y luego organizar la reconstrucción y recuperación económica[58].

Fotografía de Sernatur, Fundación Imagen de Chile.

Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, Región de Coquimbo, Chile.


4.2. CTCI al servicio de los Desafíos País y las necesidades de sus habitantes


Otro importante catalizador de la Visión es la búsqueda e implementación de soluciones para las grandes preocupaciones de nuestra sociedad, en aquellos espacios donde la CTCI tenga mucho que aportar. Definir y abordar los grandes Desafíos País permite a Chile fortalecer las capacidades del ecosistema de CTCI y convertirse en un actor global relevante en estas materias. Esta convicción ha estado en la base de la reflexión del Consejo y en sus propuestas por más de una década[59][60].


Estos desafíos movilizan recursos, concentran la atención, impulsan la creatividad y estimulan la imaginación del Ecosistema CTCI. Se trata de desafíos que, por su naturaleza interdisciplinaria y multidisciplinaria, conectan a distintas áreas, convocan a diversos actores, y promueven la cooperación entre todos ellos en pos de un mismo fin. En consecuencia, este enfoque permitiría conectar las grandes necesidades de la sociedad con los resultados de la actividad en CTCI[61], y con ello busca cambiar la trayectoria del desarrollo de la CTCI nacional.


En algunos casos, estos desafíos pueden tener un carácter general, y en otros un carácter más específico, pero el aspecto común que deberán compartir es que responden a una gran necesidad país, donde la CTCI resulte crítica para su resolución y en la que puedan aprovecharse convergencias tecnológicas[62], de modo que en ciertos casos ellas puedan convertirse en una oferta de valor para el mundo. Se trata de propuestas ambiciosas, que impacten el desarrollo, que enfrenten grandes preocupaciones de la población y cuya solución implique el despliegue de las distintas capacidades que posee el Ecosistema CTCI.


Han existido varios esfuerzos que han intentado orientar la CTCI hacia estos grandes retos en Chile. Sin embargo, no se han logrado generar las capacidades institucionales que permitan hacer de esta forma de abordar las políticas públicas un esfuerzo consistente a lo largo del tiempo. Esto supone un gran desafío en la lógica de organización del Estado, que demanda un rol orientador y articulador, que supere la lógica sectorial y compartimentada que predomina en sus ministerios y agencias[63].


Hoy en día, el escenario es propicio para establecer los mecanismos necesarios que permitan superar ese problema. Por una parte, existe un consenso global y nacional sobre la necesidad de abordar estos grandes desafíos y también sobre los marcos conceptuales respecto a este enfoque de políticas.


Se requiere entonces, crear la capacidad institucional de definir, priorizar y abordar los desafíos de largo plazo que organicen la contribución de la CTCI. Estos mecanismos institucionales deben basar su prioridad en las grandes preocupaciones sociales, además de las económicas. Asimismo, para su implementación se debe contar con una instancia que, a partir de dichos desafíos, defina, en ciertos casos, misiones específicas, medibles mediante hitos y de duración acotada, que sean abordadas de manera intersectorial y multidisciplinaria. Esta instancia debe reportar directamente a Presidencia e involucrar a una diversidad de organizaciones públicas, privadas y de la sociedad civil[64].


Por otra parte, abordar estos desafíos requerirá, en muchas ocasiones, la conexión con los ecosistemas de CTCI de otros países, sea porque estos poseen capacidades complementarias que resultan apropiadas al desafío de que se trate, o sea que ese desafío también esté presente en esos países, y la cooperación parezca una estrategia adecuada para enfrentarlo.


Es muy importante que estos desafíos resuenen con lo que la ciudadanía necesita, o si esa conexión no está inicialmente presente, que ella pueda comunicarse y transmitirse a la población para que los proyectos que surjan se legitimen y se incorporen al imaginario colectivo del país, contribuyendo también al relato indicado en el punto anterior.


Hoy existe un consenso general sobre las grandes preocupaciones que compartimos como sociedad -la escasez de agua, el cuidado del medio ambiente, la inclusión de los pueblos originarios, la migración y el envejecimiento-, que pueden convertirse en desafíos país. También existen desafíos locales o particulares expresiones de estos desafíos país en los distintos contextos territoriales y sociales, que son también relevantes.


El sentido de esta propuesta, más que clasificarlos o pretender ser exhaustivos, es llamar a generar los mecanismos institucionales que permitan definirlos y materializar la contribución de la CTCI para abordarlos.


Fotografía de GettyImages.

Planta solar. Región de Antofagasta, Chile.


RECUADRO 8_ Algunos ejemplos de desafíos 1. Aprovechamiento Integral de la Astronomía El que Chile concentre en los telescopios instalados y por instalarse, dos tercios de la capacidad recolectora de datos astronómicos del planeta, por la calidad de sus cielos y la seriedad de la institucionalidad que en torno a ella ha construido, es una ventaja que el país debe saber aprovechar. Entre los desafíos que pueden ser abordados está el incorporarse a las cadenas de suministro de los instrumentos de precisión que ella requiere, el desarrollo de la computación de alto rendimiento dada la enorme cantidad de datos que la astronomía genera, el almacenamiento y procesamiento de todos ellos y el desarrollo de los centros de datos y la ciencia de datos asociada. 2. Energía Solar La energía solar será, probablemente, la más importante fuente de generación de energía del planeta durante el siglo XXI. El desierto de Atacama es uno de los mejores lugares del mundo para capturarla y utilizarla. Por esa razón, es también un excelente atractor de investigación y desarrollo tecnológico futuro en esa área. 3. Hidrógeno Verde y Energías Limpias Al desafío anterior, se adosa la producción de hidrógeno verde, generado a partir de energía solar o de energía eólica, como otra fuente de energía sustitutiva de los combustibles fósiles para, por ejemplo, el movimiento de cargas pesadas en carreteras y rutas marítimas y, en el futuro, en las rutas aéreas. La generación de energía solar e hidrógeno verde dan lugar, a su vez, al desafío de desarrollar tecnologías para almacenar energía de manera costo-eficiente, cuando ella no se utilice de manera instantánea. 4. Energía del Mar Chile posee en la primera angostura del estrecho de Magallanes entre 14.000 y 18.000 MW de potencia posibles de ser utilizados, por las corrientes marítimas que se producen del Atlántico al Pacífico y viceversa, dos veces al día, con velocidades de hasta 7 nudos. Perfeccionar la tecnología para hacerlo permite tener soluciones exportables a otras latitudes. 5. Santiago500 sin smog El desafío de transformar a Santiago en una ciudad sin smog al 2041 – aniversario 500 de su fundación – constituye un esfuerzo multidisciplinario, que requiere de tecnologías duras y blandas, susceptible de conseguirse colaborando con otras ciudades que enfrentan un problema similar, como Beijing y Ciudad de México. 6. Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial La importancia que está adquiriendo la inteligencia artificial en el mundo, hace indispensable adoptar una estrategia nacional al respecto, que el ministerio de CTCI ya está abordando. 7. Monitoreo Marítimo-Terrestre y Cambio Climático La importancia que ha adquirido el tema del cambio climático, la necesidad de entender mejor la formación de la temperatura del mar y la generación de sus corrientes, son todos problemas que pueden ser abordados de manera preferencial en el extremo austral de nuestro país. Allí se concentran ecosistemas marítimo-terrestres en los que la proporción de agua respecto de tierra es la inversa de aquella del hemisferio norte. El desafío interdisciplinario que ello implica es un gigantesco atractor de investigación científica de clase mundial y de tecnología de punta al país. 8. Software cuántico El incipiente, pero prometedor desarrollo de la computación cuántica, necesaria para resolver cierta clase de problemas que tomarían demasiado tiempo en computadores clásicos, requiere del desarrollo de software. Este es un terreno en el que ningún país ha tenido avances importantes, y Chile podría abordar ese desafío en colaboración con otros. 9. Desastres de origen natural Chile ha sido sometido a lo largo de su historia a desastres de origen natural importantes, como terremotos y tsunamis, y ha adquirido gran experiencia en su mitigación y en los esfuerzos de resiliencia que los acompañan. Esa ventaja puede ser aprovechada profundizando las tecnologías necesarias para mitigarlos, en estos y otros tipos de desastres, y exportar esas soluciones al mundo. 10. El Agua El agua es un elemento indispensable para la vida humana. Su distribución geográfica no es pareja, y el cambio climático está modificando esa distribución. Abordar ese problema es ineludible. El problema es científico y tecnológico, además de económico y social. La geografía chilena, que va desde el desierto de Atacama al Cabo de Hornos, acentúa ese desafío, e incentiva la búsqueda de diversas soluciones, que servirán también a otros países. 11. Pandemia La experiencia que el país adquirió al enfrentar la pandemia de COVID-19, tanto en el tratamiento de los casos más graves, como en el testeo masivo de personas para verificar su estado infeccioso y en la vacunación de la población, además de la capacidad para desarrollar nuevas y manufacturarlas en el país, tiene vastas repercusiones en diferentes ámbitos de las ciencias de la salud. Continuar con ese impulso genera múltiples opciones multidisciplinarias de avance científico-tecnológico. 12. Alimentación saludable La necesidad de modificar los hábitos de alimentación de la población, así como la provisión de alimentos saludables, que además se hagan cargo de los cada vez más criticados sistemas de producción de proteínas en factorías animales, es un área de investigación que concentra esfuerzos en muchos países del mundo. Chile, como uno de los países proveedores de una dieta mediterránea de calidad, y con las capacidades para convertirse en una potencia agroalimentaria, tiene un gran desafío país en ello, con impacto mundial. 13. La Tercera Edad Un inmenso desafío país, compartido con muchas otras naciones, es el de proveer de condiciones de vida adecuadas a la tercera edad, proporción de la población que irá creciendo en el tiempo, y cuyos requerimientos difieren de los del resto de la población en muchos ámbitos. Enfrentarlos, desde el financiamiento de sus pensiones, de su actividad física, de la provisión de empleos que los hagan sentirse útiles a la sociedad, es un desafío que requiere ser abordado a la brevedad, con una mirada multidisciplinaria de largo plazo.


Fotografía de Sernatur, Fundación Imagen de Chile.

Ancud. Región de Los Lagos, Chile.


4.3. CTCI aportando decididamente a la sustentabilidad de los Ecosistemas y la preservación de la Biodiversidad


A comienzos de la tercera década de este siglo, la humanidad debe hacerse cargo del mayor desafío que enfrenta la especie: la sustentabilidad del sustrato físico y biológico que permite su existencia.


Para enfrentarlo será indispensable recurrir a la generación de nuevo conocimiento, que provenga de la investigación y que explique con más precisión los fenómenos involucrados. A partir de este se podrán introducir tecnologías innovativas que mitiguen el daño que se infringe a este sustrato, que recuperen los ecosistemas degradados, y que reutilicen los residuos generados en nuevos procesos productivos, en lo que se ha denominado economía circular, así como innovar en nuevas formas de organización de la vida social y en los sistemas socio tecnológicos que la sostienen.

En otras palabras, la CTCI será protagonista principal de este esfuerzo.


No parece posible volver a estadios tecnológicos anteriores, debido al aumento de la población mundial – por más que se estabilice en la segunda mitad de este siglo – y las crecientes aspiraciones que cada uno de sus miembros tiene de mejorar sus estándares de vida. De ahí que resulte insoslayable comprometer a la CTCI en ese esfuerzo.


Orientar los esfuerzos de la CTCI hacia la sustentabilidad de los ecosistemas y la preservación de la biodiversidad, que es el tercer catalizador que esta Estrategia propone, no solo implica combatir las amenazas que se ciernen sobre el medio ambiente – cambio climático, aumento de la temperatura media de la Tierra, ecosistemas degradados, entre muchos otros – sino que, además, y simultáneamente, propicia que las nuevas tecnologías que al respecto se introduzcan, así como las industrias que las implementen, sean fuente de creación de nuevo valor, necesario para elevar la calidad de vida de las personas. Así, el rediseño de las ciudades y asentamientos humanos y la reconfiguración de las cadenas de distribución para hacerlas sustentables generarán nuevas demandas por CTCI; la sustitución de los combustibles fósiles que está permitiendo la electromovilidad, entre otras, impone cambios en toda la cadena productiva asociada, y será fuente de nuevas oportunidades tecnológicas; la introducción de relaves secos en la minería constituirá un tremendo avance para que esa industria se torne más amigable con el medio ambiente; desarrollar procesos que hagan realidad la economía circular generará nuevos recursos para la satisfacción de las necesidades humanas; aprovechar la biotecnología para crear proteínas de consumo humano sin recurrir a factorías animales será fundamental para enfrentar el inmenso desafío de la alimentación saludable. Pero todo ello, y el resto de los múltiples ejemplos que al respecto se pueden invocar, requiere CTCI en vastas cantidades y a todo nivel.


De ahí que dirigir la transformación productiva nacional en esa dirección es un objetivo estratégico de primera prioridad, que, de paso, impulsará con gran fuerza el desarrollo de la CTCI. Además, contribuirá a construir una sociedad del conocimiento, que junto con satisfacer los anhelos y deseos de la ciudadanía, esté en mejores condiciones de enfrentar la amenaza existencial a que la humanidad está expuesta.


Esta es la forma responsable de direccionar el aporte de la CTCI.


En su influyente informe “Economía de la Biodiversidad[65], el economista británico Partha Dasgupta y su grupo respondió a la solicitud que le hiciera el Ministerio de Hacienda de ese país, de establecer las bases para una economía que pudiera enfrentar la referida amenaza. El informe utiliza un marco conceptual que parece el más apropiado para lograrlo.


Este consiste en reconocer que todo el esfuerzo civilizatorio humano – la provisión de materiales y de energía necesarios para alcanzar los niveles de vida actuales, con toda la sofisticación tecnológica y de organización social que se ha ido acumulando a lo largo de ese proceso – se basa en los servicios ecosistémicos, o contribuciones de la naturaleza, que provee la biósfera: entre ellos, los ciclos del agua, del carbono, del nitrógeno, la formación del clima a partir de las corrientes marinas, a su vez, dadas por la distribución de las masas terrestres y las temperaturas que tiene el océano en sus distintos niveles. Esos servicios son los que permiten que los recursos naturales y energéticos que utilizamos a diario estén disponibles. Dichos servicios se apoyan, a su vez, en la biodiversidad existente, por la permanente interacción que esta tiene con los fenómenos geo-físico-químicos involucrados en esos ciclos, mediante procesos como la fotosíntesis, o las distintas cadenas tróficas en las que participan, entre muchos otros. Son estos procesos los que sustentan la salud del planeta y la de las personas.


Fotografía de Sernatur, Fundación Imagen de Chile.

Parque Torres del Paine, Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, Chile.


Toda esa capa base sobre la que se ha fundado el desarrollo de la especie y de las sociedades, constituye, en el lenguaje del informe Dasgupta, un “capital natural”. En términos económicos, este corresponde a la riqueza básica a la que se recurre para generar la creación de valor que los humanos han desplegado a lo largo de su historia acumulando conocimiento. Como este capital sufre desgaste y degradación por la propia acción humana, el informe indica que es necesario invertir recursos en corregir esos fenómenos, mitigando el impacto que la actividad productiva provoca y previniendo que ocurra a futuro.


Abordar este gran desafío, hace crucial contar con información, modelos y metodologías que permitan integrar estas dimensiones en las decisiones que definen nuestro accionar. Asimismo, es preciso medir el capital natural y estimar su desgaste, pero también, estimar las inversiones requeridas para recuperarlo, desarrollar las tecnologías adecuadas para hacerlo y prever el horizonte de tiempo necesario para conseguirlo. En otras palabras, se deben combinar las ciencias naturales, que estudian los fenómenos en los que se apoya el capital natural y que permiten explicar tanto su preservación como su desgaste, con la disciplina económica, capaz de hacer cuidadosos análisis de costo-beneficio de la acción humana, tanto para satisfacer sus necesidades, como para preservar la biósfera y con ello, el sustrato en el que se sustenta la vida, balanceando ambos con las mejores herramientas de medición que hagan posible lo anterior.


La aplicación de este marco conceptual, descrito en la Base de la Estrategia, ha sido recogido por el Ministerio del Medio Ambiente, Ministerio de Hacienda y el Banco Central, conformándose un Comité, en el que también participa este Consejo, que va a impulsar la medición de capital natural y su integración en la toma de decisiones, y que constituye un primer e importante paso para la implementación de este tercer Catalizador de la Visión.


Fotografía de Max Donoso, Fundación Imagen de Chile.

Volcán Rano Raraku, Rapa Nui. Región de Valparaíso, Chile.


4.4. Complementación Público-Privada que aprovecha el potencial transformador de la CTCI


En los distintos documentos elaborados por este Consejo, incluida esta Estrategia, se ha insistido en la importancia del Ecosistema CTCI para lograr una fluida transferencia de conocimiento. Para que esa transferencia ocurra de la manera requerida, la conectividad entre sus nodos resulta fundamental. La imbricación conjunta de Ciencia-Tecnología-Innovación-Emprendimiento con el conocimiento proveniente de la investigación en Artes y Humanidades junto a parte de las Ciencias Sociales - de modo que la generación y aplicación de todo ese conocimiento, junto a las innovaciones que crean valor y a los emprendimientos que las implementan productivamente, se articulen de manera permanente -, constituyen el círculo virtuoso que justifica todo ese esfuerzo. Se trata de un proceso que no es lineal sino retroalimentado, en que tanto el conocimiento científico puede empaquetarse en emprendimientos productivos, como estos últimos pueden generar preguntas y oportunidades que requieran de investigación y tecnología para resolverlos, así como una serie de otras posibles combinaciones intermedias.


La tradicional separación entre los componentes, como si se tratara de actividades distintas y separadas, es una forma inadecuada de representar los fenómenos que se espera ocurran en el ecosistema. Mejor los interpreta la metáfora del arpegio, en que las distintas notas suenan armónicas en cualquier orden que se las toque. Así, la permanente interacción entre ellos genera riqueza de contenidos, fertilización cruzada de “metáforas” y conceptos, y potencia las capacidades de cada uno en direcciones que no es posible anticipar ex-ante.


El esfuerzo que despliega el Estado - destinando recursos a la investigación y desarrollo en las universidades, centros e institutos de investigación, como también promoviendo la innovación, el prototipaje y los diversos instrumentos de financiamiento al emprendimiento - con el objeto de que se genere valor, cuyo impacto sea beneficioso para la población, se debe complementar con el dinamismo que puede desplegar el sector privado en el aprovechamiento de todo lo anterior. Ese desarrollo también demandará más I+D a partir del éxito que algunos de esos emprendimientos tengan.


La permanente interacción entre ambos, con la inversión pública dando mayor robustez al Ecosistema CTCI del país, y el sector privado impulsando la creación de más empresas de base científico-tecnológica, es lo que dará lugar a mejores empleos y mejores salarios. Además, impulsará una mayor inversión privada y participación de ese sector en el ecosistema. Ese refuerzo mutuo es el que conducirá, a la larga, a una mayor participación privada en la inversión en I+D respecto de la que realiza el sector público, como ocurre en los países desarrollados.


En Chile, sin embargo, ambos sectores no han logrado articular sus actividades con la fuerza requerida: en ocasiones por desconfianza, en otras por falta de competencia en los mercados, en otras por insuficientes masas críticas que faciliten esa conexión. Pero también porque, más allá de los avances, no se han logrado instalar mecanismos institucionales desde la política pública, que aseguren la articulación, continuidad y profundidad de los incentivos que esta vinculación requiere.


Este es un momento particularmente apropiado para reimpulsar la complementación público-privada-académica. La compleja coyuntura económica en la que se encuentra el país luego de la pandemia, el cambio institucional que implica el proceso constitucional, así como la necesidad de complejizar la matriz productiva del país, incorporando más CTCI a ella, requieren que esa complementación se dé en diversos espacios y niveles: al momento de acometer los Desafíos País; por medio de instrumentos tributarios que favorezcan el uso de la CTCI en el mundo productivo (ley de I+D potenciada, impuestos a la Romer, u otros); en la búsqueda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a través de las exigencias de nuevos estándares ambientales y la economía circular; o en el desarrollo de energías limpias, el fomento a la producción verde y la alimentación saludable, el reto de la escasez hídrica, entre tantas otras.


El salto productivo implícito en todo lo anterior, solo será posible si la academia, el sector público estatal y el sector privado articulan sus energías creativas, orientan sus recursos y destinan su talento humano de manera preferente a ello.


Si eso se hace con convicción, perseverancia y persistencia en el tiempo, se transformará en un poderoso catalizador de la Visión que esta Estrategia ha planteado, y de paso, contribuirá a limar las asperezas que a lo largo del ciclo político anterior se acumularon entre los ámbitos privado y público.


Esta complementación es un puntal fundamental del desarrollo futuro del país.


Los otros tres catalizadores - El Relato propuesto, los Desafíos País que se escojan, y la orientación de la CTCI para dar Sustentabilidad a los ecosistemas y preservar la biodiversidad – ayudarán de manera decisiva para que este cuarto catalizador se instale con la fuerza requerida.


Fotografía de Juan Ernesto Jaeger, Fundación Imagen de Chile.

Curaco de Vélez. Región de Los Lagos, Chile.


4.5. Educación en CTCI y CTCI en la educación, contribuyendo a la creatividad y al pensamiento crítico en la formación integral de las personas[66]


La Educación juega un rol transversal en todos sus niveles, en especial en las capacidades del país para desplegar el potencial de sus habitantes, y, ciertamente, en la valoración y en la vocación de participar de la CTCI. Ella es clave para avanzar hacia la sociedad del conocimiento y para sostener y construir un Ecosistema que entregue los frutos a los que esta Estrategia aspira.


Desde la más temprana edad, cuando la estimulación es particularmente importante, y luego, en la educación básica y media, en que se forman los hábitos y se despiertan los intereses más específicos de los jóvenes, resulta importante que el esfuerzo educativo promueva el rol de la imaginación, la curiosidad y el pensamiento crítico. En ese marco, es relevante considerar que, al ser las generaciones actuales “nativas digitales”, se requieren de nuevas estrategias[67] que, además ayuden a discernir críticamente entre múltiples fuentes de información.


Sobre esa base es la que se construye una sociedad más reflexiva e innovadora, en que la CTCI es valorada y en la que más personas optan por orientar su vida en esa dirección. Esto, por sí solo, constituye un gran desafío, pues aún subsisten muchas falencias en esa etapa educativa, y muchas disparidades entre las distintas escuelas del país.


Posteriormente, en la educación superior, y particularmente en la de especialización y postgrado, cuando las personas toman decisiones más específicas respecto de sus orientaciones profesionales, la formación en CTCI que al respecto reciban se torna crítica.


Aunque la Educación no es formalmente parte de las materias a las que esta Estrategia deba abocarse, ella resulta fundamental para que la Visión expuesta pueda cristalizar adecuadamente, y por eso, resulta ineludible mencionar su importancia.


También es cierto que la Educación impacta al desarrollo de la CTCI con una velocidad distinta que la de los otros cuatro catalizadores, pues las mejorías que se le puedan introducir al proceso educativo solo tienen efectos en el largo plazo. Sin embargo, movilizar las capacidades del Estado para que ello ocurra, y hacerlo sin más trámite, es una tarea estratégica que no puede ser postergada. Por ello, fomentar una alianza del Ecosistema CTCI con el mundo de la Educación en todos sus niveles resulta gravitante, ampliando y profundizando las diversas iniciativas que han buscado fomentar este vínculo desde el sector público, como privado y académico.


Con la presentación de estos Catalizadores de la Visión completamos el contenido de esta Estrategia. Su objetivo es que sirva de guía de largo plazo a las decisiones que los gobiernos tomen en estas materias en el futuro. Su contenido, así como los marcos conceptuales en los que se basó, deberán ser revisados y actualizados por los siguientes Consejos, de modo que, adaptados a las siempre cambiantes circunstancias que la deriva histórica va generando, sigan constituyendo una guía para alcanzar un similar propósito.



Fotografía de Max Donoso. Fundación Imagen de Chile.

Región de Aysén del Gral. Carlos Ibáñez del Campo, Chile.

 

[57] Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (2019). Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para Chile.


[58] Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (2016). Hacia un Chile Resiliente Frente a Desastres: Una Oportunidad.


[59] Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (2013). Surfeando hacia el futuro. Chile en el Horizonte 2025.


[60] Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (2017). Ciencias, Tecnologías e Innovación para un nuevo Pacto de Desarrollo Sostenible e Inclusivo.


[61] UCL Commission for Mission-Oriented Innovation and Industrial Strategy (2019). A Mission-Oriented UK Industrial Strategy.


[62] Esto supone implementar mecanismos que permitan identificar dichas convergencias, a partir de una aproximación interdisciplinaria con foco en el desarrollo de nuevas tecnologías, particularmente aquellas de alta complejidad y desafiantes, que hagan posible en el mediano y largo plazo el avance mediante descubrimientos que se traduzcan en alto valor hacia la sociedad. La observación de trayectorias tecnológicas exponenciales del profesor de Stanford, Tony Seba, es una referencia interesante para identificar tecnologías emergentes.


[63] Como ejemplo, en el caso del agua existen más de 40 instituciones del sector público, en distintos ministerios y agencias, que inciden en su manejo.


[64] UCL Commission for Mission-Oriented Innovation and Industrial Strategy (2019). A Mission-Oriented UK Industrial Strategy.


[65] Dasgupta, P. (2021). The Economics of Biodiversity:The Dasgupta Review. London: HM Treasury.


[66] Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (2015). Informe subcomisión de cultura de ciencia, tecnología e innovación en Un sueño compartido para el futuro de Chile: Informe de la Comisión Presidencial Ciencia Para el Desarrollo de Chile.


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