En este tercer Capítulo se presentan orientaciones y lineamientos para avanzar en el fortalecimiento y profundización del Ecosistema de CTCI. Estos lineamientos buscan robustecer las conexiones de sus nodos, intensificar sus procesos de transferencia de conocimiento, fortalecer sus capacidades humanas y sumar nuevos nodos para ampliar su alcance. Así, la creación de valor que surja de todo ello, permitirá acelerar el pleno desarrollo del país y aumentar el bienestar y la calidad de vida de sus habitantes.


Estas orientaciones se dividen en dos grupos: las que tienen que ver con la profundización en aspectos transversales del Ecosistema CTCI, y las relacionadas con el impulso a sus componentes.


Fotografía Guy Wenborne, Imagen de Chile.

Villa Alegre, Región del Libertador General Bernardo O`Higgins, Chile.


3.1.

Profundización en aspectos transversales del Ecosistema CTCI


Uno de los grandes temas transversales en los que es necesario profundizar es la vinculación del Ecosistema CTCI con la sociedad, de manera que este contribuya de forma decidida a su desarrollo y bienestar. Esto requiere, por una parte, que la ciudadanía comprenda la importancia e impacto que esta tiene en sus vidas, y por otra, que la CTCI se integre a la sociedad reconociendo la diversidad y heterogeneidad de aquella, aportando explícitamente a sus desafíos sociales, económicos y ambientales. Se genera así un círculo virtuoso. La creación de valor que la CTCI provee, fortalece su comprensión y apropiación social; esto aumenta la legitimidad de la inversión que el país haga en ella, lo que permite robustecer el ecosistema, impulsando, a su vez, nueva generación de valor, reiniciando así el ciclo. Todo esto requiere ser acompañado de una decisión política de largo plazo, que permita sostener este círculo virtuoso en el tiempo[11].


En ese marco, resulta indispensable que la CTCI se integre a la formación educacional a lo largo de la vida, incidiendo en todos sus ciclos. Esto contribuye a desarrollar capacidades basadas en el pensamiento crítico y reflexivo de los estudiantes, fomentando su curiosidad por comprender el mundo que los rodea, con la rigurosidad a que la ciencia conduce, e incentivando formas creativas e innovadoras de desenvolverse a lo largo de la vida profesional.


Otro aspecto transversal relevante es incorporar al funcionamiento de la CTCI las demandas que hoy exige la sociedad.


Principalmente, abordar la brecha de género removiendo las barreras que han impedido la participación en igualdad de condiciones de las mujeres, pues constituye un deber ético de inclusión, que enriquece al ecosistema con el talento de todas las personas[12]. Luego, velar por las condiciones laborales en las que se desempeñan quienes trabajan en estas actividades, lo que incluye no solo a los investigadores en sus distintos roles, sino a todo el resto de los colaboradores. Finalmente, contar con marcos éticos que guíen sus conductas[13], con particular cuidado en aquellas áreas relacionadas con la reconfiguración de la vida, impulsando los necesarios debates éticos respecto del impacto que estos desarrollos científico-tecnológicos puedan tener sobre el futuro del proyecto humano.


Además, existen otros dos temas críticos que atraviesan transversalmente todo el Ecosistema CTCI, y a los que se debe dar especial atención. El primero, es contar con una CTCI diversa y conectada, tanto a nivel local como global, y el segundo, contribuir a la puesta en valor de los territorios, relevando su patrimonio natural y cultural, fortaleciendo sus identidades.



Fotografía de Max Donoso, Fundación Imagen de Chile.

Ciudad de Valdivia, Región de Los Ríos, Chile.


3.1.1. CTCI diversa y conectada con el mundo


Dada la complejidad de los desafíos actuales, la diversidad y la interacción, adecuadamente conectadas a nivel local, global y con la sociedad, resultan críticas.


En relación a la diversidad, tal como ya se indicó, ella debe contemplar la existencia de una multiplicidad de disciplinas al interior del ecosistema, cuya fertilización cruzada lo enriquezca como un todo.


Por otra parte, se hace necesario superar las maneras rígidas y preestablecidas, con las que se han entendido los roles y trayectorias de las personas que se dedican a la CTCI en el país, ampliándolas y diversificándolas. Esa diversidad, y las múltiples interacciones que admite, permiten una variedad de maneras de integrar el conocimiento en distintos espacios de la sociedad, y de esa forma, dotar de capacidad adaptativa y resiliencia al Ecosistema CTCI[14].



En relación con la conexión, resulta relevante destacar la existente entre la CTCI y el Estado. Este último es el principal promotor de I+D, y sus resultados deberían ser una importante fuente de evidencia para la generación de políticas públicas y leyes en distintas materias. Existen múltiples formas de producir este vínculo, tanto a nivel nacional como internacional, las que deben ser profundizadas[15][16]. Todas ellas generan, como una consecuencia deseada, la necesidad de integrar personas con formación avanzada en CTCI al sector público.


Otro aspecto relacionado con la conexión es la importancia de los vínculos internacionales para lograr las masas críticas necesarias y alcanzar la escala requerida en el ecosistema, que aseguren impactos significativos para la sociedad. En efecto, la internacionalización ocurre cada vez con más frecuencia, en las más diversas disciplinas, y en distintas modalidades de interacción que fortalecen el flujo y la generación de conocimiento.


Hoy en día, el contexto de desafíos globales y complejos que enfrenta la humanidad ha hecho aún más relevante la colaboración internacional. El fenómeno migratorio, los desafíos del agua, las crisis de legitimidad y gobernanza, y claramente el cambio climático y la pandemia, están siendo la génesis de esfuerzos globales de colaboración en CTCI.


Chile tiene además una gran oportunidad de generar valor de la mano de la CTCI, a partir de sus singularidades territoriales y geográficas (ver capítulo 4). Todo ello confiere al país una condición privilegiada para generar alianzas a nivel internacional que potencien el impacto de la investigación, permitan el desarrollo de infraestructura de gran escala, y favorezcan la colaboración en formación y desarrollo de trayectorias de las personas[17].


Fotografía de Gerhard Hüdepohl. https://atacamaphoto.com

Observatorio Paranal. Región de Antofagasta, Chile.


RECUADRO 2_ Diplomacia científica Un aspecto de la conexión con el mundo que también requiere ser desarrollado es la diplomacia científica, entendida como el conjunto de prácticas que se encuentran en la intersección de la ciencia y la diplomacia. Estas prácticas pueden ayudar a abordar desafíos globales, profundizar en la comprensión de fenómenos complejos, aumentando la influencia y la prosperidad de los países participantes, entre otros. La diplomacia científica se puede categorizar en tres dimensiones[18]. Ciencia para la diplomacia: el uso de la ciencia para promover objetivos diplomáticos. Diplomacia para la ciencia: el uso de la diplomacia para promover el progreso científico y tecnológico. Ciencia en la diplomacia: la participación directa de la ciencia o los actores científicos en los procesos diplomáticos. Las iniciativas y ejemplos mencionados en esta sección se enmarcan en la segunda dimensión. Sin embargo, Chile podría perfectamente abordar las otras dos dimensiones. En el caso de la Antártica, el estudio de los procesos sobre gobernanza supranacional y su observación en la práctica, podría dar luces de cómo mejorar la toma de decisiones a nivel global. Lo anterior no sólo permite hacer un aporte a la forma en que se abordan varios desafíos globales, sino que ayudarían a Chile a posicionarse de mejor manera ante los cambios que necesariamente van a ocurrir en esa esfera. Respecto de la primera dimensión, la colaboración con países vecinos en torno a oportunidades o desafíos comunes puede agregar nuevas aristas de relación que faciliten otros procesos diplomáticos.

Fotografía de Amelia Ortúzar, Fundación Imagen de Chile.

Caleta Totoral, Región de Atacama, Chile.


3.1.2. CTCI para la puesta en valor de los territorios


La Estrategia Nacional de CTCI está orientada a Chile como un todo. En consecuencia, ella está referida a todas las regiones del país, con el propósito de integrarlas al planteamiento que aquí se hace a partir de su propio quehacer, formando un todo integrado.


Por eso, la Visión y Propósito expresadas en el capítulo 1, requieren que las Estrategias Regionales, entrelazadas entre sí, contribuyan con la Estrategia Nacional de manera armónica. Más que estrategias individuales para cada región, lo que se requiere es una integralidad que haga sinergia en torno a una visión y un propósito compartidos. Más aun, eso implica que los desarrollos de CTCI locales pueden tener impacto no solo en las regiones en las que se generaron, sino también en otras, y, además, extenderse a nivel nacional, y, en algunos casos, internacional.


Dicho lo anterior, y reconociendo la heterogeneidad de capacidades, densidad y composición poblacional de las regiones, resulta natural que la articulación de sus Estrategias con la Estrategia Nacional se produzca, de manera primordial, en torno a la puesta en valor de las potencialidades y desafíos de sus territorios, aprovechando la CTCI para ello. En efecto, ella contribuye a abordar de mejor forma los desafíos locales, las manifestaciones locales de desafíos globales, y a generar aprendizaje desde lo local para abordar a mayor escala esos mismos desafíos a nivel global. También contribuye a la generación de valor ligada al patrimonio cultural y natural de los territorios, aportando al mismo tiempo al reconocimiento de la diversidad y al fortalecimiento de las identidades regionales y nacional.


En este contexto, el Consejo ha entendido que su aporte a las Estrategias Regionales de CTI (el llamado Componente Regional de la Estrategia que se indica en la ley) consiste en entregar elementos conceptuales y criterios que contribuyan a la discusión estratégica, que sienten las bases de un proceso de diálogo, enmarcado en el objetivo común del desarrollo sostenible, integral y armónico del país y sus regiones.


La puesta en valor del espacio territorial supone que este no sea concebido solo como un activo, sino como un catalizador que “activa”, desde sus especificidades, los procesos de creación de valor que la Estrategia Nacional destaca. En este marco, el fortalecimiento de un ecosistema de CTCI debe velar para que el territorio geográfico específico sea un espacio que, junto con dar arraigo y pertenencia, le entregue robustez a su desarrollo por medio de redes distribuidas en el ecosistema.


Para ello, se requieren marcos de colaboración entre el mundo CTCI, el sector público y las comunidades locales, incluidas las comunidades indígenas. Esto podría contribuir a abordar, y eventualmente, a destrabar los conflictos entre actividades productivas modernas y las tradicionales, fundadas en saberes ancestrales.


En este marco, resulta importante distinguir entre la administración y gobernanza en las decisiones, y la distribución de capacidades de CTCI. Se puede hablar así de descentralización administrativa[19] de la gestión de la CTCI y de desconcentración en la generación y utilización de conocimiento.


La primera, tiene que ver con la toma de decisiones para la asignación de recursos y la gobernanza del sistema, de modo que esta ocurra de preferencia a nivel local. La segunda, por su parte, está relacionada con la necesidad de que la investigación y el desarrollo de capacidades asociadas al conocimiento ocurra en distintos lugares del país, tanto como una manera de diversificar su generación, enriqueciendo visiones y opciones de desarrollo, como para generar una red distribuida, no concentrada de las mismas, que dote de resiliencia y robustez al ecosistema.


Los modelos descentralizados aportan flexibilidad y heterogeneidad a las políticas públicas. Esto, junto a la desconcentración de capacidades de CTCI, permite establecer relaciones más estrechas entre los agentes participantes, y favorecer áreas de investigación en las que la cercanía geográfica con el fenómeno a estudiar resulta determinante. Ello también impulsa la emergencia local de innovaciones tecnológicas, relacionadas con sus propias potencialidades y capacidades.


Fotografía de Felipe Trueba, Fundación Imagen de Chile.

Antártica. Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, Chile.


Las ventajas de la descentralización administrativa no deben ignorar los argumentos a favor de aproximaciones centralizadas: mayor eficiencia en el uso de los recursos, a través del control desde el nivel central del diseño, implementación, monitoreo y evaluación de las políticas; reducción del riesgo de captura de actores en la búsqueda de rentas y beneficios políticos y/o económicos propios, que redundan en fragmentación y problemas de eficacia; y sobre todo, evitar la posible fragmentación de proyectos que benefician al conjunto del país al ser definidos desde el nivel central[20][21].


En cuanto a la desconcentración de capacidades, un factor determinante para lograrla es contar con personas dedicadas a la CTCI en las regiones, que sostengan el Ecosistema CTCI local. Es invirtiendo en estas capacidades que se puede sustentar el desarrollo o fortalecimiento de líneas de investigación y áreas de innovación que aprovechen sus singularidades y desarrollen vocaciones territoriales.


Sin embargo, se debe reconocer también, que la distribución de capacidades no puede poner en riesgo la generación de masas críticas requeridas para generar impacto, ni permitir la dilución de estas por medio de una fragmentación innecesaria. En este marco, el diseño de políticas públicas debe distinguir estadios distintos de desarrollo de CTCI y equilibrar estrategias que, asegurando el acceso al conocimiento a toda la población, definan criterios de distribución que busquen potenciar la CTCI en regiones sin afectar el desempeño global del ecosistema. Para esto, resulta interesante profundizar en el desarrollo de nodos que agrupen capacidades en CTCI en torno a vocaciones territoriales, que traspasen los límites político-administrativos de las regiones, generando sinergia y complementariedad, por ejemplo, en torno a macrozonas.


Los nuevos Gobiernos Regionales y los Comités Regionales de Ciencia, Tecnología e Innovación disponen hoy de al menos tres instrumentos que permiten poner en valor las especificidades de sus diversidades territoriales: los Convenios de Programación, que hacen disponible financiamiento para iniciativas surgidas desde acuerdos entre el nivel nacional y regional; los Nodos para la Aceleración del Impacto Territorial de la CTCI (Nodos Macrozonales), creados en 2020, que han permitido la generación de autodiagnósticos que identifican especificidades territoriales en diversos ámbitos, como base de la construcción de Hojas de Ruta; y los Laboratorios Naturales, en los que las particularidades territoriales facilitan la conexión entre los niveles regionales y nacional, e incluso internacional, que proyectan especificidades territoriales en agendas robustas de alto alcance[22].


Como conclusión, se hace necesario velar porque la contribución de la CTCI conduzca a un desarrollo armónico, que conjugue simultáneamente la mirada del país en su conjunto con la de sus regiones. Es relevante que la CTCI en general, pero especialmente aquella que se genera en las regiones, esté orientada de manera importante, como ya se indicó, a la puesta en valor de los territorios, aprovechando y potenciando capacidades distribuidas, en alianzas virtuosas entre los niveles regionales y nacional - e internacional cuando sea pertinente - con lógicas y mecanismos de gobernanza que permitan una mirada sistémica. La necesidad de la descentralización y desconcentración de capacidades así entendida, trasciende la demanda política regional, erigiéndose más bien como un proceso catalizador de las capacidades de CTCI locales de cara a los nuevos desafíos locales, nacionales y globales.


Esto requiere aprovechar y profundizar las plataformas de diálogo y articulación de los Gobiernos Regionales con los distintos agentes de la CTCI y con otros actores sociales, incluido este Consejo, para la elaboración tanto de la Estrategia Nacional, como de las Estrategias Regionales de Desarrollo y de CTI.


Fotografía de Sernatur, Fundación Imagen de Chile.

Morro de Arica. Región de Arica y Parinacota, Chile.


RECUADRO 3_ Principales desafíos regionales Un análisis de las estrategias regionales de innovación - que en el marco de la nueva institucionalidad se conocen como estrategias regionales de CTI - muestra que los principales desafíos identificados se relacionan con la necesidad de fortalecimiento de las capacidades en la toma de decisiones; con las diferencias de dotación en capacidades humanas y condiciones habilitantes para la CTCI - entre ellas información, infraestructura y equipamiento -, que condicionan el despliegue de capacidades regionales; y con las debilidades en la generación de redes de colaboración y confianza, así como en la articulación territorial de los actores del ecosistema. Este último, en particular, es indicativo de las diferencias identitarias y culturales de las regiones, lo que indica una necesidad de apertura a instrumentos y formas de gestión y gobernanza capaces de reconocer esta heterogeneidad. Ello se complementa con los diagnósticos más recientes generados por los Nodos Macrozonales[23], que han identificado ámbitos en los que se requiere profundizar los procesos de descentralización. Estos se refieren a condiciones habilitantes que atiendan especificidades territoriales y prioridades subnacionales, tales como: infraestructura habilitante, accesibilidad a espacios y equipamiento; capacidades humanas - que aparecen como un desafío transversal en todas las regiones -, la integración de nuevos requerimientos, como enfoques de género, interculturalidad e inclusión social y territorial; y lógicas de financiamiento, evaluación y construcción de agendas de investigación que den cuenta de las nuevas necesidades que debe atender la CTCI, como sostenibilidad, cambio climático y recursos estratégicos. Además, relevan la importancia de gestar una cultura de innovación con base científico-tecnológica en todos los niveles, con acceso a información y redes de apoyo, que visibilice la oferta de conocimiento local hacia sectores productivos y logísticos estratégicos, así como hacia demandas transversales como cambio climático y conservación. Por otra parte, los Nodos Macrozonales muestran la necesidad de reconocimiento de las especificidades naturales de los territorios y su potencial científico tecnológico (laboratorios naturales), que aportan desafíos como el monitoreo de los efectos del cambio global y actividades antrópicas, la gobernanza ambiental, científica y ciudadana en temas de conservación y cuidado de estos ecosistemas. Finalmente, se releva la necesidad de articulación entre el mundo privado y la academia, como un aspecto fundamental para abordar la transformación productiva en sectores estratégicos definidos macro regionalmente[24].

Fotografía de Sernatur, Fundación Imagen de Chile.

Reserva Nacional Ñuble, Región de Ñuble, Chile.


3.2. El impulso que requieren los distintos componentes del Ecosistema CTCI


Un impulso principal, transversal a todos los componentes del Ecosistema CTCI, es un sistema de financiamiento robusto, permanente en el tiempo. En esta materia, el país presenta manifiestas debilidades. El presupuesto del Gobierno Central en ciencia, tecnología, conocimiento e innovación representa alrededor de un 0,36% del PIB[25]. Esta proporción se ha mantenido relativamente estable en la presente década. Más aún, el gasto público en I+D[26][27], una medida más restrictiva que la anterior, se ha mantenido prácticamente parejo desde el año 2011 en alrededor de 0,22% del PIB[28], muy por debajo de los países de la OECD.


Chile requiere romper esta trayectoria y ponerse una meta ambiciosa, aumentando de manera significativa la inversión en CTCI en los próximos años, lo que supone revisar los modelos actuales de financiamiento a la I+D, y abrirse a que la inversión no solo sea canalizada por los mecanismos actuales de entrega de fondos.


Además de lo anterior, se han identificado las principales debilidades que afectan los distintos componentes de la CTCI, y que surgen de la reflexión, investigación y consultas realizadas por el Consejo[29], proponiendo a continuación criterios y orientaciones para abordarlas.


Fotografía de Gerhard Hüdepohl. https://atacamaphoto.com

Volcán Licancabur, Región de Antofagasta, Chile.


3.2.1. Generación permanente de conocimiento y desarrollo tecnológico


Una característica de la generación de conocimiento, y que sustenta el desarrollo tecnológico, es que ambos se construyen a partir de lo ya acumulado. Para sostener esta capacidad de acumulación, se identifican cuatro focos de orientación: la necesidad de cuidar e invertir en el sistema de formación nacional de personas dedicadas a la CTCI; la de asegurar un sistema de financiamiento permanente que conjugue los objetivos de continuidad y excelencia en el desempeño; la de fortalecer la asociatividad en las actividades de I+D; y la de fomentar el desarrollo tecnológico mismo, con foco en su aplicación.


Respecto del desarrollo de capacidades locales de CTCI, la formación nacional de postgrado resulta crítica. Ella es la que permite contar regularmente con más y nuevas personas en CTCI, constituye un soporte relevante para el desarrollo de la investigación en el país, y favorece el desarrollo de capacidades de I+D vinculadas a las necesidades y oportunidades del país y sus regiones.


En este contexto, se requiere un sistema equilibrado de apoyo a la oferta nacional de postgrado, así como a la formación en el extranjero, en una lógica de alianzas estratégicas[30]. Esto permitirá el desarrollo de capacidades en las distintas áreas del saber, otorgando una base amplia y diversa. Dicho sistema deberá considerar instrumentos de subsidio a la demanda - como las becas -, complementado con subsidio a la oferta mediante el financiamiento de programas de postgrado, particularmente en áreas emergentes o deficitarias[31], propendiendo a la búsqueda de un fortalecimiento equilibrado del ecosistema que permita absorber estas nuevas capacidades humanas.


También se requiere diversificar las áreas del conocimiento de los programas de postgrados nacionales, además de las actualmente más dominantes ciencias naturales[32][33]. Esta diversificación puede realizarse a partir de demandas asociadas a objetivos de política como: desarrollar capacidades vinculadas a las vocaciones de los distintos territorios[34]; fortalecer el vínculo con el sector privado - empresarial, educacional, de organizaciones sociales, entre otros -, o potenciar la modernización del sector público y atender desafíos o áreas priorizadas por el Estado. En todos esos casos, es necesario avanzar en la consistencia del conjunto de programas e instrumentos que inciden en la formación de capacidades humanas en CTCI, tales como los sistemas de acreditación y los esfuerzos de internacionalización.


Otro aspecto fundamental es contar, como parte del sistema de financiamiento, con el impulso equilibrado entre las actividades que generan conocimiento en general, así como las capacidades que las sustentan en el largo plazo. Las primeras tienden a ser abordadas en lógicas concursales, preocupadas por el desempeño, y las segundas tienden a recibir financiamiento institucional o basal, que asegura la continuidad, y que puede o no, incorporar criterios de desempeño[35] En Chile el financiamiento institucional a las universidades, que sostienen gran parte las capacidades de investigación, se realiza a través de la Subsecretaría de Educación Superior del Ministerio de Educación. El financiamiento a la investigación, que cubre la mayor parte de la actividad investigativa financiada por el Estado, le corresponde a la ANID, que depende del Ministerio de CTCI, donde predomina la lógica concursal y de subsidio a la demanda..


Dado que en el sistema nacional no es claro cuánto del financiamiento basal a las universidades se destina a sostener las capacidades de investigación, se ponen en permanente riesgo capacidades acumuladas que toman mucho tiempo en gestarse. Esto además, genera una presión sobre el financiamiento concursal que debe sincerarse y abordarse.


La debilidad en el financiamiento de la capacidad de investigación también se presenta en los Institutos Tecnológicos Públicos (ITPs), donde el aporte basal proviene directamente de los ministerios y agencias que los albergan. Este problema de sub-financiamiento ha buscado ser complementado con la venta de servicios, pero en muchos casos, no ha sido suficiente. En los centros científico-tecnológicos[36] existe una preocupación de larga data por evitar la pérdida de las capacidades allí acumuladas, para lo cual el propio Consejo propuso[37], generar un esquema de subsidio renovable de largo plazo, que opere bajo criterios de desempeño.


Como no se ha logrado establecer una política clara de financiamiento basal a las universidades y demás instituciones generadoras de conocimiento, se distorsionan los objetivos y las motivaciones de los agentes. Resulta difícil establecer en qué medida se destinan los fondos para el soporte y desarrollo de la I+D dentro de las instituciones - acceso y mantención de la infraestructura y equipamiento asociado a la I+D, acceso a información y redes, y condiciones laborales de los investigadores, tecnólogos y equipos de apoyo -, y menos aún, a evaluar la evolución y efectividad del gasto en cada uno de ellos.


Se hace crucial entonces, por una parte, alinear las políticas de los distintos ministerios y agencias de manera que aseguren la continuidad y el desempeño de los diversos nodos del ecosistema y, por otra, derivar a un sistema balanceado y complementario de financiamiento (basal y concursal), que asegure las condiciones habilitantes para la CTCI[38].


Fotografía de Francisco Negroni, Fundación Imagen de Chile.

Eclipse solar. La Serena, Región de Coquimbo.



El Estado debe asegurar la coherencia de políticas e instrumentos públicos, que incluyan tanto apoyo a la demanda como a la oferta, y aseguren consistencia entre incentivos, criterios de reconocimiento y sistemas de evaluación de los distintos ministerios y agencias, reconociendo la diversidad de roles, actores y trayectorias.


Otro aspecto crítico para el fortalecimiento del ecosistema es el fomento de la asociatividad en la investigación y el desarrollo tecnológico resultante. Ella se vuelve particularmente necesaria por la complejidad de los grandes desafíos que enfrenta la humanidad - cambio climático, migraciones, envejecimiento, automatización, entre otros -, lo que ha fomentado sistemas de redes de conocimiento global asociativos que trascienden límites disciplinarios y geográficos. Dentro de éstos se encuentran la multidisciplinariedad, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad.


La multidisciplinariedad es un enfoque de investigación que, bajo un problema de marco común, considera diversas disciplinas para abordarlo, planteando cada una objetivos y análisis propios y diferenciados. Por su parte, el enfoque interdisciplinar investiga problemas a través de diversas disciplinas, pero esta vez identificando un problema, y objetivos comunes, asumiendo la investigación como un todo y alcanzando una reciprocidad de intercambios que puede crear nuevas soluciones, nuevo conocimiento, nuevas áreas de actividades, disciplinas y enfoques. Por último, la transdisciplina[39] es un enfoque en el que se subraya la fusión de conocimiento dentro y fuera del ámbito académico. Es un modo de investigación científica que estudia la totalidad organizada de manera sistemática.


En Chile, en los últimos años, los centros han jugado un rol determinante, no sólo en la generación de conocimiento, sino en promover los atributos que son clave para un ecosistema (diversidad, conexión, lógica de red y vinculación con la sociedad). A través de los centros de excelencia para investigación básica y aplicada y el desarrollo en diversas áreas - como centros científicos, tecnológicos, de innovación, e ITPs, que operan a nivel nacional y regional - el país se ha dotado de un mecanismo adecuado para la acumulación progresiva de capacidades, de infraestructura especializada y de capacidades humanas avanzadas, en áreas de interés de investigación y desarrollo científico y tecnológico, que basados en una lógica asociativa, han facilitado la conexión con la sociedad[40].


Estos nodos actúan en distintos espacios del ecosistema, algunos más hacia la generación de conocimiento de base, mientras otros se enfocan en investigaciones aplicadas con aptitudes y posibilidades para el desarrollo y la incorporación de las tecnologías en la sociedad.


Aprovechar de mejor manera su potencial, requiere por una parte, impulsar el uso de los resultados del conocimiento generado por éstos, y por otro, mejorar la competitividad científica y tecnológica nacional bajo un enfoque de competencia global[41].


El aprovechamiento del conocimiento generado por los distintos actores sociales, agentes económicos y el propio Estado, requiere nuevos marcos de cooperación de mayor profundidad. Esto permitiría materializar las contribuciones obtenidas e incorporarlas a la agregación de valor económico y a la productividad en los sectores productivos, por ejemplo. Por su parte, el Estado es clave para constituir una demanda pública activa por resultados provistos por los centros nacionales, lo que puede ser relevante para el perfeccionamiento continuo de las políticas públicas.

La mejora en la competitividad científica y tecnológica nacional pasa por reconocer que, a excepción de algunas áreas del conocimiento, se requieren nuevas condiciones para promover el desarrollo de agendas de investigación de mayor complejidad y el posicionamiento internacional de la I+D nacional. Esto impulsado desde el aporte a desafíos nacionales y regionales, como desde los intereses de investigadores con agendas de investigación más complejas. La calidad de los científicos e investigadores nacionales y el aprendizaje en trabajo colaborativo logrado por los centros, ofrecen grandes posibilidades para una mayor integración a redes y circuitos internacionales en áreas científicas de frontera.


Para impulsar todo lo anterior, se requiere de una mejor articulación de programas públicos. Debe considerarse tanto la escala como la conexión global de los distintos centros, ambas determinantes en el impacto que la I+D tenga[42]. También se requiere introducir criterios de priorización que, entre otras cosas, permitan abrir espacios a nuevas áreas para que las capacidades previamente existentes no definan la ruta a seguir.


Esto precisa dirección desde el sector público respecto de necesidades críticas en las cuales se requiere desarrollar capacidades actualmente inexistentes o de escala insuficiente.


Es necesario reiterar que el desarrollo tecnológico constituye una capacidad crítica. Muchos de los desafíos del país no pueden esperar soluciones solo desde el mercado, sino que se requieren desarrollos locales o nacionales que atiendan necesidades específicas, por ejemplo, los que plantea la minería del futuro, o tecnologías para caracterizar y abordar los ciclos de agua en las distintas cuencas del país.


Asimismo, en la generación de conocimiento y desarrollo tecnológico, no es suficiente seguir profundizando solo en las capacidades existentes, sino que se requieren esquemas que permitan desarrollar trayectorias tecnológicas que no dependan exclusivamente de lo ya instalado. Para ello, hay varias opciones.


Una opción es fomentar proyectos multidisciplinarios orientados a acercar oferta y demanda, con la participación conjunta de diversos actores, en particular, el sector privado y la academia, generando espacios de interacción para ello, desde la formación de posgrado[43].


Otro enfoque es plantearse grandes desafíos país, además de misiones[44] específicas, combinando la necesidad de potenciar las capacidades locales de desarrollo tecnológico, con el requerimiento permanente de los países de hacerse cargo de las necesidades de la sociedad[45]. Los desafíos exceden con creces los períodos electorales de cualquier gobierno y, por lo tanto, alinearse en torno a ellos ayuda a generar y mantener iniciativas de largo plazo. Por su parte, las misiones son proyectos más acotados, escogidos por la autoridad por las ventajas que acarrearía al país abordarlos, o porque ya existe la especialización que permita hacerlo. A ellas se entregan recursos acotados, y se exigen hitos a cumplir y plazos máximos para lograrlo.


Una tercera opción, que al mismo tiempo puede alimentar a las dos anteriores, consiste en invertir en tecnologías habilitantes transformadoras, es decir, de gran impacto a nivel macro que afectan –muchas veces de manera sinérgica— a distintos ámbitos y sectores, generando transformaciones positivas para el país. Entre ellas se encuentran las plataformas de información y sensores, la infraestructura de comunicaciones, el big data, la inteligencia artificial, el acceso a internet de calidad en todo el territorio[46], entre otras.


Fomentar el desarrollo tecnológico, requerirá nuevas lógicas de incentivos e instrumentos.


Fotografía de María José Pedraza, Fundación Imagen de Chile. Teleférico de Santiago, Región Metropolitana de Santiago, Chile.



RECUADRO 4_ Nuevas lógicas de incentivos e instrumentos para el desarrollo tecnológico Un obstáculo al que se enfrenta el desarrollo tecnológico es la falta de incentivos adecuados. En el caso de las universidades, los indicadores actuales de la Comisión Nacional de Acreditación le otorgan una gran relevancia a la publicación de papers académicos[47], en desmedro de la realización de proyectos de innovación o patentamiento de tecnologías, determinando así, los criterios de evaluación académica. Los ITPs tampoco cuentan con incentivos que los orienten a considerar prioridades de política y/o necesidades de la industria, lo que debilita su capacidad para proveer “servicios de inteligencia[48] científico-tecnológicos vinculados a la demanda del sector privado y las prioridades del Estado. En el caso del sector privado, el incentivo tributario a la I+D, a pesar de los esfuerzos realizados, tiene aún escasos resultados. Se requiere analizar cómo incentivar aquellas empresas que están en mejor posición para destinar más recursos a I+D, a utilizarlo con más intensidad, generando así, más innovaciones, y que sus casos de éxito impulsen la contratación de científicos y tecnólogos. En particular, se propone revisar los montos máximos y otras trabas que pudieran afectar su aprovechamiento integral. El eventual éxito de esas compañías, induciría un potente efecto demostración en el resto, iniciando un necesario círculo virtuoso. Por otro lado, las exigencias normativas relacionadas a estándares de calidad y sustentabilidad actuales, en lugar de constituir un obstáculo al desarrollo productivo, pueden verse como un incentivo para el sector privado, crucial en la generación de nuevos mercados que demandan tecnología. Respecto de la lógica instrumental para el desarrollo y la transferencia tecnológica, Chile debe pasar “de una cultura orientada a proyectos a un esfuerzo sostenido a más largo plazo”[49] dado que la lógica de los primeros es insuficiente para generar masas críticas que aseguren continuidad. Para ello, una lógica de portafolio es útil, pues al contar con un conjunto diversificado de proyectos, facilita reaprovechar las capacidades desarrolladas en proyectos no exitosos al servicio de nuevas iniciativas, diversificando los riesgos de explorar diversas opciones. En un esquema de este tipo, el foco de la evaluación está en la adicionalidad que los proyectos introducen al ecosistema, por ejemplo, las nuevas capacidades que se generarían. El enfoque de intercambio de conocimiento[50] es consistente con esta lógica, ya que el desarrollo tecnológico, la difusión y la transferencia de conocimiento como un todo, requiere la permanente conexión entre la investigación y los usuarios. Esta mirada de procesos, permite visualizar otros impactos, como la ganancia en know-how, los contratos de desarrollo e investigación, la inversión inducida[51][52], la generación de redes y la creación de empleos en las distintas instituciones y empresas.

Fotografía de Max Donoso, Fundación Imagen de Chile.

Puerto de Valparaíso. Región de Valparaíso, Chile.


3.2.2. Innovación y emprendimiento de base científico-tecnológica como motor del desarrollo económico


La innovación y el emprendimiento son las actividades que están más directamente conectadas con la creación de valor tangible para las personas. Mientras la innovación se manifiesta por la introducción de nuevas combinaciones de los elementos constituyentes de productos y procesos productivos, el emprendimiento aporta nuevas actividades económicas que permiten generar valor para la sociedad.


Muchos emprendedores disponen de las capacidades para mirar con atención los mercados e identificar espacios de oportunidad para nuevas ideas y negocios innovadores. En el caso de los emprendimientos tecnológicos, estos se asocian a la creación de nuevas actividades económicas, basadas en el aprovechamiento de resultados provenientes de actividades de investigación y desarrollo y que cuentan, además, con aptitudes para un rápido crecimiento en los mercados en los que operan.


Los procesos de innovación se alimentan de múltiples insumos, que incluyen las actividades de investigación y desarrollo, la adquisición de licencias, las compras de equipamiento y la formación del capital humano, entre otros. Es necesario fomentar las distintas fuentes de innovación, por su aporte al desarrollo en distintas dimensiones y temporalidades. Por ejemplo, la innovación basada en la creatividad de las personas suele requerir de menor capital y puede tener efectos en el corto plazo; en cambio, las de base científico-tecnológica, requieren mayor inversión y tiempo, y en general, sustentan las transformaciones más profundas o estructurales.


En el caso de las innovaciones tecnológicas, estas son el resultado de avances tecnológicos que posibilitan o habilitan su aparición: nuevos materiales, más resistentes, más flexibles, o más durables; nuevas formas de comunicarse a distancia basadas en la instantaneidad de la transmisión de información asociada a la digitalización de la vida contemporánea, con múltiples y crecientes aplicaciones; nuevas formas de aprovechar moléculas biológicas, o descubrimientos para su uso humano, como las vacunas basadas en el mRNA o el método Crispr Cas9 para modificaciones genéticas y el combate a las enfermedades, entre muchas otras.


Las innovaciones solo materializan su valor potencial una vez que han sido implementadas, y sus beneficios han sido puestos a disposición de la ciudadanía en la forma de bienes o servicios entregados a través de los mercados. Esa labor la ejecutan las empresas, cuando disponen de las capacidades técnicas necesarias o los recursos para contratarlas con entidades y centros especializados, pero también la realizan los emprendedores, en muchos casos provenientes de universidades y centros de investigación y desarrollo, quienes forman empresas especializadas para ese fin.


La intrincada articulación que existe entre el conocimiento que genera la ciencia, la tecnología que consigue aplicaciones a partir de él, la innovación que crea valor con ello, y el emprendimiento que implementa productivamente toda esa cadena para beneficio de la sociedad, es la que requiere estar fuertemente enlazada a través de un Ecosistema CTCI robusto, interconectado y fluido. Por eso resulta tan importante que el ecosistema se desarrolle a través de todos sus nodos, y que una Estrategia Nacional de CTCI se despliegue en torno a un ecosistema de ese tipo.


Chile tiene la gran oportunidad de aprovechar la innovación y el emprendimiento de base científico-tecnológico como motor de desarrollo económico, avanzando hacia una economía del conocimiento, donde éste - mayoritariamente de origen científico, filosófico y cultural -, colabore con una mayor eficiencia del uso del capital físico y las capacidades humanas disponibles, propiciando aumentos en la productividad que ayuden a elevar el nivel de ingreso nacional[53][54].


Los desafíos que enfrenta el país, se juegan, al menos, en tres niveles relevantes: aportando al proceso de transformaciones productivas sustentables; generando nuevas ofertas de valor basadas, fundamentalmente en conocimiento; y permitiendo saltos de productividad a través de la adopción tecnológica.


La transformación productiva sustentable, se abre como un gran espacio de demanda por innovación para resolver retos sectoriales, tales como la aparición de nuevas plagas, dados los efectos del cambio climático en el sector silvo-agropecuario, o los efectos de la escasez hídrica en el sector minero, entre muchos otros.


Además, existe la posibilidad de desarrollar nuevas actividades económicas con un potencial de valor significativo, basadas en ciencia y tecnología, que nos conectan globalmente. Esta es la idea que está detrás de la noción de laboratorios naturales: la astronomía puede dar origen a servicios de minería de datos (data mining) y tecnologías de última generación; la cercanía de Chile a la Antártica puede ser aprovechada para generar una oferta de provisión de servicios científicos y tecnológicos sofisticados a nivel mundial; la resiliencia ante los desastres de origen natural, además de aportar al bienestar de la sociedad frente a estos eventos catastróficos, se puede constituir en una oferta de valor para el mundo.


Por otra parte, el aumento de la productividad por adopción de tecnologías o innovaciones ya existentes, presenta un gran impacto potencial a nivel de empresas de menor tamaño. Para lograr este impacto se requiere, sin embargo, de esfuerzos que promuevan una adopción masiva, en la que no solo basta que exista la tecnología, sino también que se facilite el acceso a las tecnologías, como la digitalización de las organizaciones, y el desarrollo de habilidades y capacidades para aprovecharlas en el tiempo.


Finalmente, la generación de bienes y servicios con un alto componente de base científico-tecnológica permite un mayor aprovechamiento del talento de las personas, demanda competencias más sofisticadas, lo que puede traducirse en empleos de mayor calidad, incidiendo directamente en el bienestar y calidad de vida de las personas.



Fotografía de Max Donoso, Fundación Imagen de Chile.

Aerogeneradores, Región de Coquimbo.


RECUADRO 5_ Promoción de innovación y emprendimiento El fomento a las innovaciones y al emprendimiento ha estado tradicionalmente a cargo de CORFO, a través de su agencia INNOVA y otras áreas de esta organización, la que ha provisto fondos para apoyar múltiples programas de innovación empresarial, prototipaje, emprendimiento temprano, fondos para capital de riesgo y otros, a los cuales pueden acceder emprendedores, empresas, fondos e inversionistas, universidades e institutos de investigación. Aunque el desempeño innovador de empresas y sectores productivos no alcanza aun resultados significativos a nivel agregado, este esfuerzo debe continuar e incrementarse. Una vez más, solo con convicción, perseverancia, persistencia y sin claudicaciones, haciendo permanentes ajustes a los programas para responder mejor a las necesidades del país y de quienes los utilizan, se lograrán los resultados buscados. Además, esto permite alcanzar las masas críticas que retroalimentarán virtuosamente todo el ciclo. Un interesante ejemplo de éxito de lo anterior ha sido el caso de las Startup. El programa de apoyo a emprendedores comenzó incipientemente en la década de 2000 por parte de Corfo; posteriormente, en 2010, se inició el programa Startup Chile, orientado a la atracción de emprendedores, también internacionales; ahora, luego de 20 años de decidido esfuerzo, en que durante mucho tiempo pareció que los resultados no se daban, el país cuenta con un contingente importante de startups de base científico-tecnológica que incursionan internacionalmente, entre las cuales destacan 3 unicornios, valorados en más de US$ 1.000 millones de dólares por los inversionistas. Todo esto ilustra la necesidad de persistir en los esfuerzos que estén bien dirigidos, en reforzar los programas prometedores y no desmantelarlos, movilizando a los contingentes de innovadores y emprendedores a que continúen en la senda que han escogido. De esa manera crean valor, contribuyen a ofrecer empleos de calidad, y se recaudan más impuestos que permiten al fisco desarrollar las tareas que la ciudadanía le exige.


3.2.3. Ciencias Sociales, Artes y Humanidades y su rol en la CTCI


Haciéndose cargo del mandato recibido en la ley que lo crea, el Consejo ha incorporado a su Estrategia el fomento de, y la investigación en artes y humanidades, así como de aquella parte de las ciencias sociales íntimamente relacionada con las anteriores, y se ha abocado a la tarea de describir el importante rol que ellas juegan en ese escenario.


Para ello, resulta importante distinguir entre el conocimiento surgido de la ciencia y asociado a las STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) y aquel proveniente de las artes, las humanidades y parte de las ciencias sociales, normalmente conocidas como SSH, por sus siglas en inglés (Social Sciences and Humanities).


En términos generales, la ciencia procura describir las regularidades de los fenómenos del entorno, sea este natural o social. Para ello, los investigadores efectúan observaciones, y realizan experimentos y/o estudios sistemáticos, formulando luego hipótesis causales que los expliquen, las que posteriormente se validan o refutan mediante la evidencia empírica, para finalmente ser sometidas al escrutinio de los pares.


Quienes observan la realidad, en especial la de los fenómenos humanos, con una intencionalidad distinta, reflexionando respecto del “deber ser” de lo humano y de sus sociedades, con un afán normativo, o que ponen un énfasis en la interpretación del fenómeno humano, o que investigan sus manifestaciones de manera expresiva o artística, o que reflexionan cómo deben organizarse las relaciones entre las personas y cuál sería el sentido último de la existencia, caen bajo el manto de las SSH.


La anterior distinción permite afirmar que las ciencias sociales se encuentran parcialmente en ambas. Quienes adoptan una mirada científica del comportamiento humano, como fenómenos cuyas regularidades son posibles de investigar a pesar de la enorme dificultad para hacerlo, desarrollan disciplinas que forman parte del primer grupo. Quienes caracterizan, comprenden e interpretan los fenómenos de comportamiento social humano, procurando darles un sentido, o realizan reflexiones respecto de cómo debe ser la vida humana y cómo debe desplegarse su convivencia, tienden a ubicarse en el segundo.


Por otra parte, la distinción entre las STEM y las SSH resulta de la diferente postura intencional de sus actividades, de la diferencia de metodologías que utilizan, y de la diferente manera en que ellas impactan a la población. El método científico establece, al contrastar las hipótesis con la evidencia empírica, una forma de validar, de entre las distintas explicaciones que se propongan, aquella que mejor interprete el fenómeno bajo estudio. En cambio, en las SSH en general, y en la investigación en artes y humanidades, en particular, casi siempre hay un espacio interpretativo o creativo que no necesariamente admite una validación unívoca, aceptada por toda la comunidad. Esa diferencia, de carácter epistemológico, ha provocado una separación o tensión intelectual entre ellas, generando, en el ámbito de las políticas públicas, una competencia por los recursos que el Estado destina a promover su desarrollo, sin que se haya podido establecer un criterio claro para efectuar esa asignación.


El impacto más tangible de las STEM comparado con el impacto más intangible de las SSH en el mundo productivo ha contribuido a ello, lo que debe invitar a reflexionar sobre las implicancias que su distinta naturaleza tiene al momento de asignar los recursos para su promoción.


Una forma de abordar ese problema puede ser diferenciar los criterios para escoger proyectos y asignarles recursos públicos, y que además, ellos respondan a categorías de análisis distintas. En ese caso, a pesar de los esfuerzos realizados, aún es necesario asegurar que los mecanismos y criterios de evaluación atiendan a las distintas naturalezas de las disciplinas bajo escrutinio. No parece conveniente promover actividades con esa diversidad de intenciones, métodos, resultados e impactos[55] y someterlas a esquemas similares para discernir las adjudicaciones. Ello sólo conduce a un juego tipo suma-cero, y ahonda las tensiones entre disciplinas que deben ser consideradas tan complementarias como importantes para el desarrollo de las sociedades en el siglo XXI.


Para avanzar hacia un ecosistema CTCI diverso, fluido e interconectado, no basta con asegurar la generación permanente de conocimiento si no se asegura también el fomento en igualdad de condiciones, de las diversas áreas que lo generan. Esto implica reconocer y valorar tanto la investigación en artes y humanidades, como en ciencias sociales, ciencias naturales y exactas, asegurando reglas del juego que reconozcan su naturaleza distintiva y fomenten su integración multidisciplinaria.


Aparte de las características que presentan las SSH recientemente mencionadas, en el capítulo 1 sobre la Visión y Propósito de esta Estrategia se indicó el rol crucial que ellas cumplirían en esa materia.


Las SSH orientan su actividad precisamente al análisis de los modos de convivencia y las relaciones que se dan entre las personas en la sociedad, intentando precisar como ellas “deberían ser”, cuál sería el sentido profundo de lo “humano”, y en qué dirección ellas deberían ir apuntando. Para ello utiliza aproximaciones normativas, creativas, expresivas o artísticas.


Obviamente, en estas materias habrá una multitud de puntos de vista, sin que necesariamente haya concordancia entre ellos. Pero será la deliberación democrática, aquella que surja de las disquisiciones que las SSH haya hecho de la sociedad, las que ayudarán a encontrar los caminos de concordancia en la permanente reflexión sobre las metas que las sociedades abiertas y libres buscan alcanzar, para aumentar su bienestar individual y colectivo.


De allí que resulte tan importante promover e incentivar el desarrollo de las SSH, interconectadas con la CTIE, conformando en conjunto el Ecosistema de CTCI, porque ellas cumplen el crítico rol de constituir la “conciencia” de la sociedad.


Dado que esta temática no se había abordado en Estrategias anteriores, y que su rol tiene la relevancia recién indicada, será una tarea para las futuras Estrategias seguir profundizando en los conceptos y distinciones aquí presentadas, para que las SSH tengan el vigor y dinamismo que el desarrollo del país necesita.


Fotografía de María José Pedraza, Fundación Imagen de Chile.

Biblioteca Nacional. Región Metropolitana de Santiago, Chile.


CRITERIOS PARA LA EVALUACIÓN Y MONITOREO DEL DESEMPEÑO DEL ECOSISTEMA CTCI La medición del desempeño del Ecosistema CTCI es una tarea necesaria, tanto para establecer el grado de cumplimiento que tengan las políticas que se estén implementando, incluidas las aplicadas a partir de esta Estrategia, como para evaluar la eficiencia en el uso de los recursos asignados, realizar comparaciones con otros países, entre regiones, o al interior del país en general, y para construir un set de parámetros, indicadores de desempeño o de otro tipo, que sirvan para caracterizar al ecosistema y monitorearlo en el tiempo. Un mejor desempeño del Ecosistema CTCI implica una mayor densidad y diversidad de nodos, con múltiples interacciones entre ellos, con capacidades distribuidas en una lógica de red y estrechamente conectados. Por esa razón, la lógica de ecosistema que esta Estrategia propone, plantea el desafío adicional de incorporar indicadores que se hagan cargo de examinar esa particular complejidad. Un sistema de evaluación comprensivo, tiene como condición de base la generación de información integrada, que dé cuenta de cambios a nivel agregado, para monitorear y evaluar el impacto de manera global y no segmentada, como ocurre mayoritariamente en el sistema actual. Los procesos de evaluación deben considerar metodologías que transiten desde las mediciones a nivel de output o producto, hacia indicadores de procesos, resultados finales e impactos. Esto requiere lograr la interoperabilidad de los distintos sistemas de información nacional - aún en una etapa incipiente de desarrollo -, asegurar la transparencia de los datos públicos y coordinar la evaluación de instrumentos de apoyo a la CTCI. Esto, a su vez, requiere modelos más complejos de representación, caracterización y medición del Ecosistema, tanto a nivel nacional como regional, que integren el mayor dinamismo e interacción que esta noción reconoce, y que, al mismo tiempo, dialoguen y complementen los modelos ya utilizados[56]. En este marco, un primer desafío es integrar nuevas dimensiones de impacto como la social y ambiental - además de la económica-, con indicadores como la contribución de la CTCI al acervo cultural del país, o a la conservación del medio ambiente, entre muchos otros. Por su parte, la medición de impacto económico mediante indicadores de insumos del proceso, como el gasto en I+D, no permite capturar la complejidad de los procesos involucrados. A su vez, restringir el efecto que la CTCI tiene en el crecimiento a la productividad total de factores o PTF, es insuficiente, y se hace necesario desarrollar metodologías que complementen las anteriores con nuevos enfoques. Un segundo desafío es estimar la influencia que el contexto social y cultural tiene sobre el Ecosistema CTCI, y que incide sobre el comportamiento de los actores. Para esto, se requieren indicadores, que sirvan para estimar la calidad y cantidad de las interacciones y vínculos existentes entre los nodos del Ecosistema, su conexión local, regional, nacional y global, y la vinculación de su quehacer con los desafíos societarios. También, indicadores relativos a la confianza en las instituciones relacionadas directa e indirectamente con el Ecosistema, como los de la Encuesta Nacional de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología. Un tercer desafío tiene relación con la estructura distribuida que el Ecosistema CTCI presenta cuando opera bajo una lógica de red, midiendo la desconcentración de capacidades así como la fortaleza de sus nodos y de sus interacciones, particularmente en la comparación entre regiones o macro-regiones. Un cuarto y último desafío consiste en desarrollar indicadores del grado de inserción social del Ecosistema CTCI, es decir, de su integración y contribución a distintos espacios sociales y niveles territoriales. Entre ellos, los que reflejen la conexión de las políticas y acciones en CTCI consistentes con las Estrategias Nacionales y Regionales, la existencia y preponderancia de CTCI orientada por desafíos y misiones, y la calidad de los nexos y contribución de los nodos al sector privado a nivel productivo, social o ambiental, entre otros. Ello también puede ser medido a través de la confianza en las instituciones relacionadas con la CTCI, su capacidad para generar proyectos colaborativos y atraer fondos desde otros actores distintos al sector público. Para abordar estos desafíos se requiere avanzar en forma gradual estableciendo metas de corto, mediano y largo plazo. En el corto plazo, se propone rediseñar el sistema de monitoreo y evaluación, desarrollando nuevos indicadores que permitan dar cuenta de la lógica de un Ecosistema CTCI. En el mediano plazo, este nuevo enfoque puede ser aplicado a áreas específicas de contribución de la CTCI, tales como los desafíos país. Y finalmente, en el largo plazo, se propone expandir este nuevo marco al conjunto de los programas e instrumentos de CTCI, así como a la medición del impacto agregado de la CTCI tanto a nivel nacional como regional.

 

[11] Tanto en el Libro Blanco “CTCI para Chile” (2019) como en la “Base para la Estrategia de CTCI” (2021), -ambos documentos elaborados por el Consejo-, se resalta la importancia que para la sociedad ha tenido la CTCI a través del tiempo.

[12] Ministerio de CTCI (2021). Política Nacional de Igualdad de Género en CTCI. Ministerio de CTCI de Chile.


[13] Se refieren, entre otros, al aseguramiento de la calidad de la investigación; la honestidad en comunicar la investigación de manera transparente, justa, completa e imparcial; el respeto a los colegas, los participantes de la investigación, incluidos los animales, la sociedad, los ecosistemas, el patrimonio cultural y el medio ambiente; y la responsabilidad por la investigación desde la idea inicial hasta la publicación, y por sus impactos más amplios en la sociedad.(ALLEA, 2017; Council On Governmental Relations, 2019).


[14] Ejemplos de integración son: el programa Innovation Corps (I-Corps ™) de la National Science Foundation de Estados Unidos, que capacita a investigadores en innovación y emprendimiento para conectar con la implementación productiva; y el “Laboratorio de Productividad” de la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) traspasando competencias propias de personas con formación en CTCI a prácticas empresariales. Existen también ejemplos donde artistas trabajan de manera multidisciplinaria con personas del mundo de las CTCI, desdibujando la separación entre estos mundos y dando lugar a espacios comunes donde se desenvuelve la curiosidad, la creatividad y la exploración.


[15] En Reino Unido por ejemplo, el rol del asesor científico del gobierno es crucial en el sistema, y las universidades han aumentado la generación de evidencia necesaria para orientar políticas públicas, estimuladas por fondos específicos y departamentos especializados.


[16] En la Estrategia Nacional de Innovación 2017, CNID, se propuso destinar un porcentaje del gasto total de cada Ministerio para el financiamiento de I+D+i relacionado con sus desafíos de largo plazo.

[17] Por ejemplo, dobles doctorados con prestigiosas universidades a nivel mundial, denominado “2+2”, en los que el doctorando pasa dos años en una universidad extranjera, y dos años en programas de doctorado en universidades chilenas, bajo convenios de doble titulación entre ambas.


[18] The Royal Society and AAAS (2010). New frontiers in science diplomacy.


[19] Cabe señalar que, en términos de gestión, la descentralización se refiere a la transferencia de poder desde el nivel central a las regiones, y la desconcentración a la transferencia de atribuciones y capacidades, manteniendo la dependencia del nivel central.


[20] La literatura reciente promueve una gobernanza basada en diseños más descentralizados, con un enfoque multinivel, que busquen mayores grados de horizontalidad y heterogeneidad, con actores en los diversos niveles (nacional, regional, comunal). Pero al mismo tiempo, procura establecer ajustes multinivel que preserven la unidad de propósito que las regiones debiesen asumir como integrantes del país en el que están insertas.


[21] Cancino, R., & García, M. (2022). Elementos conceptuales para aportar a la discusión del Componente Regional de la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo. Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo.


[22] Ibid.


[23] Consorcios entre universidades y centros de investigación regionales que se crearon en las cinco macrozonas al alero de un programa de la ANID en el año 2020.


[24] Cancino, R., & García, M. (2022). Elementos conceptuales para aportar a la discusión del Componente Regional de la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo. Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo.


[25] Balbontín, R., Roeschmann, J. A., & Zahler, A. (2018). Ciencia, Tecnología e Innovación en Chile: Un Análisis Presupuestario. Chile: Dirección de Presupuestos, Ministerio de Hacienda.


[26] La diferencia entre el GBARD (Government budget allocations for R&D) y el presupuesto de CTCI, es que este último incluye todos los gastos del Gobierno para financiar actividades de ciencia, tecnología, conocimiento e innovación.


[27] La estimación del gasto público en I+D proviene de un levantamiento de información en base a las partidas presupuestarias de la ley anual de presupuestos mediante el estudio “Créditos presupuestarios públicos para la investigación y desarrollo” (o GBARD, por sus siglas en inglés) que es realizado periódicamente desde el Ministerio de CTCI.


[28] KRD y Asociados Ltda., Subsecretaría de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (2020). Levantamiento y análisis de créditos presupuestarios públicos para investigación y desarrollo para Chile (I+D) (Government budget allocations for R&D, GBARD).


[29] Anexo: Proceso de participación, consulta y diálogo.


[30] Por ejemplo, a través de convenios que otorguen grados compartidos con universidades extranjeras de prestigio.


[31] Santiago Consultores (2007). Estudio referido al reordenamiento del Sistema Nacional de Becas de Postgrados. Consejo de Innovación para la Competitividad.


[32] Ibid.


[33] Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (2021). Plan de Desarrollo de Talentos: Ideas y Acciones para el Futuro.


[34] Por ejemplo, incentivando programas de doctorado colaborativos interregionales.


[35] En Chile el financiamiento institucional a las universidades, que sostienen gran parte las capacidades de investigación, se realiza a través de la Subsecretaría de Educación Superior del Ministerio de Educación. El financiamiento a la investigación, que cubre la mayor parte de la actividad investigativa financiada por el Estado, le corresponde a la ANID, que depende del Ministerio de CTCI, donde predomina la lógica concursal y de subsidio a la demanda.


[36] Los financiados por programas Financiamiento Basal, Milenio, Fondap y Centros Regionales.


[37] Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (2016). Lineamientos para una Política Nacional de centros de investigación.


[38] Un punto de partida sería que la lógica de diseño y gestión de instrumentos y la propia discusión presupuestaria, fueran abordadas de manera conjunta, propiciando la adecuada articulación de los escasos esfuerzos que existen en estas materias.


[39] Piaget, J., W.F.M., M., Paul, L. et al. (1979). Tendencias de la investigación en ciencias sociales (4a ed.).


[40] Sierra, P. (2021). Centros de Investigación y Desarrollo e Institutos Tecnológicos Públicos. Principales características y desafíos. Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo.


[41] Ibid.


[42] La pequeña escala en comparación con países más desarrollados, sumada a la diversidad nacional en tamaño y recursos, requiere también de una acción articulada que permita a ciertos centros al menos, crecer en tamaño, una vez alcanzado cierto desempeño de manera de que el potencial que tienen pueda efectivamente desarrollarse. Esta necesidad de mayor escala puede abordarse con mayor financiamiento, así como con el fomento de alianzas nacionales e internacionales. La definición de cuáles nodos potenciar debe atender tanto su nivel de desarrollo, como la consideración de criterios estratégicos para el país (Sierra, P., 2021).


[43] Finlandia, por ejemplo, plantea una serie de iniciativas para favorecer la conexión entre el sector privado y la academia, sin priorizar disciplinas o sectores específicos, pero con el efecto deseado de alinear y focalizar esfuerzos en torno al desarrollo industrial. Ministry of Economic Affairs and Employment of Finland (2020).


[44] OECD (2021). The design and implementation of mission-oriented innovation policies: A new systemic policy approach to address societal challenges.


[45] Los desafíos país corresponden a grandes problemas que se identifican como relevantes, como por ejemplo, el cambio climático y sus derivados, la alimentación saludable, los problemas de la tercera edad o la provisión de agua.


[46] Esto fue propuesto como una de las cinco medidas transformadoras en la Estrategia del CNID del 2017, bajo el nombre de “Banda ancha de Visviri a Cabo de Hornos”.


[47] La Comisión emitió nuevos criterios de acreditación de programas de doctorado, que incorporarán explicitamente otras dimensiones como la innovación y transferencia tecnológica. Dichos criterios, que entran en vigencia en octubre de 2023, son una señal en la dirección adecuada para abordar los problemas de incentivo planteados.


[48] World Bank (2009). Chile: Fostering Technology Transfer and Commercialization. Washington, DC.


[49] Ibid.


[50] Brinca y HubTec (2020). Estudio de resultados de proceso de transferencia del conocimiento.


[51] Ibid


[52] La inversión inducida se refiere a la inversión pública y privada que sucede en un proyecto en su etapa de desarrollo.


[53] Hornidge, A.-K. (2011). ‘Knowledge Society’ as Academic Concept and Stage of Development—A Conceptual and Historical Review. En Beyond the Knowledge Trap. World Scientific.


[54] Lane, R. E. (1966). The Decline of Politics and Ideology in a Knowledgeable Society. American Sociological Review.


[55] La investigación en artes y humanidades se materializa a través de diversos canales que impactan a la sociedad. Impacta en la formación de la mayoría de los profesionales del país, a través de diversos aspectos que cruzan las carreras universitarias (generación de proyectos, comunicación, ramos de formación general, lingüística, etc.). También lo hace a través de publicaciones, exposiciones, películas, documentales, proyectos sociales, tecnológicos y de innovación; a través de asesorías a tomadores de decisiones y políticos, de desarrollo gremial, de redes de colaboración multidisciplinarias y a través de la participación en medios de comunicación, entre otros.


[56] Alvial, C., & Menéndez, M. J. (2018). Desafíos de monitorear a contribución de la CTCI a grandes retos: Aplicación al desafío país de sostenibilidad del recurso hídrico en Chile. Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo.